jueves, 5 de diciembre de 2019

El cambio humano

Isabel Ripa Juliá, bióloga y consultora ambiental.

La primera vez que escuché a Greta Thunberg me trajo a la memoria al niño del cuento de Andersen “El traje nuevo del emperador”. Greta, como el niño del cuento, ponía en voz alta palabras que muchos teníamos en la mente. “Nuestra casa está ardiendo” alerta, y declara su enfado ante las cámaras de las Naciones Unidas por la inacción de los adultos. Millones de jóvenes están de acuerdo con ella, sus estudios les han aportado los conocimientos necesarios para ser conscientes de que su futuro está en juego.

La base científica es abrumadora. Como denuncia Greta, hace ya más de 30 años que se está avisando sobre el calentamiento global y en general sobre el deterioro ambiental y sus consecuencias para las sociedades y las personas que las forman. En 1992 se firmaron el Convenio sobre Cambio Climático “reconociendo que los cambios del clima de la Tierra y sus efectos adversos son una preocupación de toda la humanidad” y el Convenio sobre la Diversidad Biológica por la importancia de esta “para la evolución y para el mantenimiento de los sistemas necesarios para la vida de la biosfera”.  Pasados más de 25 años, tanto la situación del clima como de la biodiversidad han empeorado dramáticamente y nuestra especie sigue avanzando hacia el precipicio.

El que los seres humanos hayamos sido capaces de desequilibrar el complejo e interconectado sistema climático del que formamos parte indica nuestra gran capacidad de acción que, desde la Revolución Industrial, ha ido modificando el planeta a gran escala. En nuestra “era antropozoica” o “Antropoceno”, la acción humana ha alterado las condiciones geofísicas de nuestra casa común y nos aproximamos a una sexta extinción masiva de especies. Desde la “Gran Aceleración“ iniciada hacia 1950,  la concentración del CO2 de la atmósfera se ha disparado por encima de las 300 ppm, su límite durante miles de años, hasta llegar a niveles por encima de las 400 ppm que siguen aumentando peligrosamente alejándonos de la estabilidad climática del pasado.

Nos enfrentamos a complejos retos socio-ecológicos globales en unas sociedades en las que crece el descontento y la pobreza como lo hace la obesidad y a la vez el hambre.  Hay suficiente conocimiento, suficiente tecnología pero seguimos por la misma senda que nos ha traído hasta el punto en que nos encontramos. Nos hallamos ante un momento en que tenemos que preguntarnos, individualmente y como especie, si es este el camino por dónde queremos seguir, si es esta la herencia que queremos dejar a nuestros hijos.

En el planeta Tierra, nuestro hogar común y compartido, todo y todos estamos interconectados y existen límites que es necesario respetar para mantener la supervivencia de nuestra especie. Necesitamos reconectar con la naturaleza a la que pertenecemos, reconectar con nosotros mismos y con las demás personas. Los retos son tan enormes que se necesita contar con todo el potencial humano, dar voz a pensamientos que no se han tenido en cuenta, potenciar la justicia social en el presente y para las generaciones futuras. 

A nivel global, se han establecido objetivos para alcanzar el desarrollo sostenible, para hacer frente y adaptarnos al cambio climático, que requieren que todas las personas, desde nuestras diferentes responsabilidades, actuemos poniendo el bien común por delante de intereses particulares. Es el momento de que el pensamiento, el sentimiento y la acción humana se alíen con la naturaleza. Las soluciones van apareciendo como pequeños oasis a lo largo de todo el planeta, estableciendo puentes, fomentando el diálogo y el intercambio de ideas a nivel local, en comunidades que van co-creando la transformación socio-ecológica necesaria. Transformación de las ciudades, de la forma de alimentarnos, de vestir, de movernos, de obtener energía para con ello regenerar el clima, restaurar los ecosistemas, proteger y potenciar la biodiversidad y poder seguir beneficiándonos de los servicios que nos aportan a la vez que avanzamos hacia una sociedad más justa.

El futuro es un espacio temporal que no nos pertenece pero que estamos condicionando los adultos de hoy. Creo que es tiempo de escuchar a las personas jóvenes, de aprender de ellas y darles la oportunidad de participar de forma activa en la toma de decisiones para crear un futuro que les permita ser felices en nuestro hermoso planeta azul.

jueves, 14 de noviembre de 2019

Aprender prestando un servicio a la comunidad: el aprendizaje-servicio

Rafael Mendia Gallardo. Responsable de formación de la Fundación ZERBIKAS.

Ninguno de los chicos y chicas de cuarto de ESO, que estaban en aquella clase estudiando los distin­tos aspectos de los “Planos Inclina­dos” se hubieran imaginado que de ahí saldría un compromiso cívico para hacer más accesible su pue­blo y que cambiaría su mirada de las calles, las aceras, los portales, las personas.

El debate de las situaciones de la vida en las que vemos que existen planos inclinados y sus repercusio­nes en la vida práctica de las perso­nas, llevó a analizar la situación de quienes utilizan silla de ruedas o de familias que llevan carrito de bebé.

Una cosa llevó a la otra y del debate se extrajo la invitación a personas en silla de ruedas a compartir sus experiencias en la vida cotidiana en el pueblo. Explicaron su experiencia vital, las dificultades que encontra­ban para llevar una vida como los demás, contaron con pelos y seña­les un itinerario de superación que debían recorrer día a día.

Pero sobre todo les impactó cuando les propusieron ponerse en su lugar, recorrer una calle de su pueblo ana­lizando las dificultades de accesibili­dad con las que se encontraban las personas con movilidad reducida.

Fueron analizando las calles, los comercios, los portales, las plazas. Fueron tomando notas, sacando fotos… Elaboraron un mapa on line de accesibilidad a través de la aplica­ción “OpenStreetMap” y por último elaboraron un informe de accesibi­lidad del pueblo que entregaron en su momento al Ayuntamiento.

Este es el proyecto de Aprendizaje- Servicio “Ciudades Amigables para todas las personas”.

Aprendizaje-Servicio: acercar el aprendizaje a la vida
Esta experiencia es una de los cien­tos de experiencias que estudiantes de todos los niveles educativos de­sarrollan desde la óptica del “Apren­dizaje-Servicio”.

Lo verdaderamente novedoso de esta propuesta es la relación que se establece entre el aprendizaje y el servicio que enriquece a ambos:
El servicio ofrece sentido al aprendi­zaje, lo hace funcional, útil, además de facilitar otros elementos didácti­cos, curriculares y organizativos.

El aprendizaje aumenta la calidad del servicio, dotándole de mayor profundidad favoreciendo la re­flexión sobre lo que se hace y por qué se hace.

¿Qué servicios?
Es muy amplio el abanico de servi­cios transformadores de la realidad que puede realizar nuestro alumna­do. Desde los más pequeños, hasta los más mayores pueden identificar necesidades y posibilidades de me­jora de la realidad que les circunda.

Son muy interesantes aquellos proyectos que promueven la parti­cipación en el barrio o los de sensi­bilización y defensa de los Derechos Humanos o los Objetivos para el De­sarrollo Sostenible (ODS).

También aquellos proyectos de ayuda directa a personas o de apo­yo y acompañamiento a la escolari­zación y refuerzo escolar; proyectos de promoción de estilos de vida sa­ludable o aquellos que pretenden acercar colectivos de diferentes edades con el objetivo de facilitar el intercambio de conocimientos, aprendizajes y habilidades.

Y otros muchos que los chicos y chi­cas son capaces de imaginar y llevar a cabo.

¿Qué aprendizajes?
Partimos de la base de que se trata de “aprendizajes intencionales”, es decir aquellos aprendizajes previs­tos en el desarrollo del proyecto educativo del centro.

Cabe destacar el aprendizaje de los valores como referentes valio­sos para las personas y motores del comportamiento. Engloban ideales, intereses, motivaciones y necesida­des que rigen la conducta y las de­cisiones.

El Aprendizaje-Servicio abre puer­tas y ventanas del centro educativo y permite que la vida del mundo, de las comunidades cercanas y lejanas, se haga presente en el centro para despertar vocaciones ciudadanas, científicas, humanistas, comprome­tidas para transformar el mundo.

viernes, 4 de octubre de 2019

Julián Rezola, el fundador de Pioneros, en Barcelona


Mariano Muñoz. Antiguo educador de Pioneros. Profesor Técnico de Formación Profesional.

Julián Rezola, el fundador de Pio­neros, vivió en Barcelona de 1989 hasta el 2009. Aunque institucio­nalmente no creó Pioneros en esa ciudad, no pudo dejar de ser edu­cador. Era el cerrajero del barrio (Ciutat Vella), profesionalmente re­gentaba un taller de hierro. Como bien lo define uno de los jóvenes de Barcelona:

Julián Rezola era herrero. Aunque no era un herrero convencional. Observaba la pieza de metal, la exa­minaba, la cortaba, la pulía y la mol­deaba hasta encontrar su estructura natural, que podía coincidir o no con los deseos del cliente. En todo caso el resultado de su trabajo siempre era la solución para el problema que le planteaban quienes entraban por la puerta de su taller. También era un hábil cerrajero, era el encargado de abrir las puertas del barrio cuando sus dueños se lo requerían.

Quizás su trabajo no era más que una metáfora de su vida. No solo abría las puertas de sus vecinos sino que un poco abría sus almas. Siem­pre intentaba que entrara la brisa en sus mentes y corazones. Hacía que se les removiera algo por dentro y aun­que solo fuera para sacarlos de lo anodino, él se daba por satisfecho.

Para Julián a las personas se las tenía que abrir, aunque fuera con ganzúas o cinceles, airearlas y so­bretodo despertarlas de su letargo social. Todo esto lo hacía de manera automática e imperceptible. No im­portaba su extracción social, a cada cual su misión. Ya fueras pandillero o el jubilado de la esquina, cada uno debía encargarse del despertar pro­pio y del ajeno“.

Su actividad educativa se realiza­ba principalmente con jóvenes del barrio, CABEZAS RAPADAS. Cha­vales del barrioque encontraban en el taller de Julián un espacio de libertad y de confianza, Julián era el único que les dejaba herra­mientas para arreglar sus bicis y sus motos. Chavales de barrio que no habían salido de sus callejuelas ni de su plaza, que no conocían otros mundos. Con estos chavales reali­zó algunas salidas al monte en los alrededores de Barcelona y a una masía cerca de Figueras.

Pero también se relacionó con un grupo al que llamaba ESTUDIAN­TES (jóvenes de otros barrios con un mayor nivel cultural, que estu­diaban o habían estudiado). Con la excusa de que le enseñasen catalán, se convirtió en su amigo-educador. El taller de Julián era para ellos un lugar de encuentro. Con este grupo institucionalizó la reunión-cena de los viernes para valorar y discutir sobre temas per­sonales y de actualidad.

Por último, también tuvo relación con un grupo de OKUPAS, a los que visitaba en edificios ocupados en la ciudad y en zonas rurales. Con es­tos tenía interminables discusiones políticas.

Julián era a la vez educador, amigo y político, según con qué grupo de jóvenes se relacionaba era más una cosa u otra.

Siguiendo al poeta alemán Bertolt Brecht en su Loa a la duda, Julián ponía en duda los principios de estos jóvenes, les hacía pensar, les exigía pensar y después tomar de­cisiones sobre su trayectoria vital.

Lo más interesante es que conse­guía juntar a los tres grupos, a pesar de sus diferencias y participar con­juntamente en algunas actividades.

Julián no creó Pioneros en Barce­lona, pero sí supo crear alrededor suyo el espíritu “pionero” que ya había creado en otras ciudades como Pamplona o Logroño. No dejó de practicar la codificación y descodificación vital, que diría Paulo Freire, con jóvenes y adultos.

Siguió siendo un referente, duran­te esos años, para pioneros, ex-pioneros y otros educadores que le visitaban en Barcelona, o que él aprovechaba sus vacaciones para contactar con ellos en Pamplona o en Logroño.
ーーーーーーーーーーーーーーーーーーーーーーーーーーーーーーーーーーーーーー
El pasado 25 de agosto falleció nues­tro compañero Mariano Muñoz. Nos dejó escritas estas palabras dedicadas a Julián Rezola para conmemorar el décimo aniversario de su muerte. Des­de este espacio queremos agradecer a Mariano su amistad, su entrega y su colaboración.


viernes, 6 de septiembre de 2019

Jóvenes con mucho potencial en busca de oportunidades de futuro


Eduardo Sanz García. Trabajador social, terapeuta familiar. Director de la Empresa de Inserción Ilundain. Fundación Ilundain.

En España la educación es un de­recho fundamental que supone la base de un modelo social que debería garantizar la igualdad de oportunidades a sus ciudadanos y ciudadanas. Para muchas familias en situación de exclusión social la educación es el único camino que les queda para romper estas dinámicas. La expectativa de man­tener o mejorar el estatus familiar comienza a partir del mayor o me­nor grado de aprovechamiento académico. Sin embargo el aban­dono escolar es ya un fenómeno estructural de nuestro modelo y uno de cada cuatro jóvenes se desvincula en España del sistema educativo. Estas personas habi­tualmente se ven afectadas por di­ferentes dificultades personales y familiares que cristalizan a lo largo de su adolescencia. Problemáticas que no han elegido y que nuestro sistema educativo no es capaz de abordar.

No finalizar la Educación Secun­daria Obligatoria (ESO) supone la pérdida de gran parte de las opor­tunidades laborales y conduce a una suerte de estatus social mar­cado por la precariedad laboral y económica. Será costoso y difícil revertir este problema durante décadas. En muchos casos estas personas iniciarán a su vez dife­rentes dinámicas de exclusión so­cial. Fracaso y abandono escolar son términos que culpabilizan y responsabilizan a estas personas y suponen un estigma con el que tendrán que vivir.

Las últimas investigaciones del Instituto Nacional de Estadística son muy claras al respecto: nues­tro sistema educativo no solo no lucha contra la pobreza y la exclu­sión, sino que la perpetúa. Existe una transmisión intergeneracional de la pobreza. El nivel educativo y económico de las familias con­diciona el nivel educativo al que pueden aspirar sus hijos e hijas.

Esta situación nos debería llevar a una importante reflexión éti­ca como sociedad respecto a la igualdad de oportunidades. Sin embargo nuestro modelo educa­tivo olvida la diversidad y tiende a la excelencia por sistema. Se encuentra en total sintonía con un modelo de sociedad neoliberal que perpetúa la desigualdad de forma estructural.

El sistema educativo actual atien­de a la diversidad con pocos recur­sos, separando a quienes más ne­cesidades tienen y excluyendo lo diferente. Tras la crisis económica se recortaron 10.000 millones de euros en educación que afectaron directamente a apoyos y equi­pos de orientación dirigidos a los alumnos y alumnas con más nece­sidades. Ahora nos toca abordar los efectos de negar el pan y la sal a aquellos que más lo necesitan.

Conviene tratar estos recursos en términos de prevención y ahorro económico: Eurofound monetiza­ba hace ya unos años el coste del fracaso escolar español en térmi­nos de no participación de la eco­nomía y gastos sociales (sanitario, penitenciario…) calculando que la desvinculación formativa supo­ne en España alrededor de 15.700 millones de euros anuales. Cada euro dedicado en educación y prevención revierte multiplicado por 10 a la sociedad.

Incidir en el momento de la juven­tud es clave y genera un punto de inflexión que invierte la tendencia. Abordar estas dificultades a tra­vés de itinerarios de orientación, formación y acompañamiento al empleo permite frenar estas diná­micas de exclusión social. Supone una fórmula de éxito contrastada a través de diferentes proyectos sociales en todo el Estado. A pesar de esto este tipo de recursos no son estables ni están garantizados de forma estructurada en ninguna comunidad. Es necesario conso­lidar estos recursos para ofrecer una respuesta integral, trabajan­do la prevención de necesidades futuras. Con este objetivo mu­chos proyectos sociales de todo el estado se han alineado en una Asociación Nacional denominada “Escuelas de Segunda Oportuni­dad”. Entidades que comparten objetivos comunes, que apuestan por la cohesión social y la igualdad de oportunidades para las per­sonas más vulnerables: jóvenes con mucho potencial en busca de oportunidades de futuro.

viernes, 2 de agosto de 2019

El teatro es un arma cargada de futuro


Iván Alvarado Castro. Profesor Asociado. Departamento de Antropología Social y Cultural. Universidad Autónoma de Madrid.

Siempre me gustó la poesía de Gabriel Celaya, me parece que retrata con más fuerza que ningún otro el papel que ha de jugar el arte en la sociedad, el ejemplo más claro de ese papel se suele vivir en periodos revo­lucionarios, cuando la eferves­cencia artística no para de bro­tar. Eso mismo acaeció como un gran ejemplo en el Chile de Salvador Allende.

Me obsesioné con dicho perio­do estudiándolo desde varios ángulos: historia, política, cine, etc; hasta que encontré la mi­rada antropológica, desde ese punto de vista pude hacerme las preguntas pertinentes para intentar dar respuesta a una única pregunta, ¿qué papel puede jugar el arte, en concre­to el teatro, para construir un sujeto político?

Gracias a un punto de vista an­tropológico pude entender el poder desde un punto de vista más ligado a Michel Foucault, el poder no es un ente abstrac­to, son relaciones de poder que se van perfeccionando con el tiempo, como si de una tec­nología se tratara. Si este es el comportamiento del poder que genera sujetos dóciles enton­ces por qué no preguntarnos la misma cuestión, pero en senti­do contrario, cómo se generan sujetos politizados desde un poder que se perfecciona, pero no para oprimir sino para abrir potencialidades de liberación.

La conexión que tiene el teatro con esta concepción del poder se encuentra, desde mi punto de vista, en la obra de Augusto Boal. Para el brasileño, el teatro es “un ensayo de la revolución”. Por tanto, si vamos haciendo primero pequeños juegos, des­pués acciones en diferentes es­pacios, llevando discursos de lo privado a lo público, que con el paso del tiempo podríamos transformarnos en un nuevo sujeto que cambia su modo de ver la realidad y sobre todo, que en esa nueva visión empie­za a relacionarse con ella de un modo diferente.

El teatro es la herramienta artís­tica más sencilla para ello por­que, como también decía Boal, cualquier persona puede hacer teatro, incluso los actores y ac­trices. Todas las personas tene­mos la capacidad de expresar y eso es lo que puede hacer del teatro una herramienta pode­rosa.

Es por medio del teatro que podemos ir incorporando, ya no solo desde un tipo de in­teligencia cognitiva, sino de­sarrollando varios tipos de inteligencia, a un tipo de per­sona capaz de enfrentarse con su realidad para transformarla porque la ha dejado de pensar, para hacerlo desde la praxis, ya no es solo lo teórico sino lo teórico y lo práctico aunado en acciones concretas.

Cuando este tipo de técnicas, de juegos, porque en el fondo hacer teatro es jugar a ser dife­rentes, se desarrollan en deter­minadas personas, sobre todo en jóvenes, el resultado no deja a nadie indiferente. Cuan­do muchas personas hacemos lo mismo, entonces ya no hay nada en la realidad que no se cuestione, se dejan de acatar las normas por que sí, cuando muchas personas hacemos este proceso, entonces como decía Espartaco “la tierra tiembla”.

jueves, 4 de julio de 2019

Jóvenes, agentes de cambio


Fátima Cevallos, educadora del programa Esfera Jove y Xavier Navarro, responsable del programa Vente Pa’Ka. Fundación Marianao

Las personas vivimos y nos relacio­namos en determinados territorios y contextos, los cuales, en ocasiones, transcienden el hecho de ser única­mente espacios físicos-geográficos y pasan a ser espacios simbólicos en donde se construyen vínculos socia­les y se crea comunidad. Cierto es que, como agentes y recursos socia­les acompañamos procesos de vida y socialización de las personas en sus comunidades, desarrollando accio­nes encaminadas hacia su promo­ción y construcción de comunidades de más calidad relacional.

En esta línea, consideramos impres­cindible, el reconocimiento de la participación y el ocio y tiempo libre como derechos indiscutibles, desde la infancia y la adolescencia. Cree­mos realmente en una adolescencia y juventud activadora de participa­ción real, con capacidad de liderazgo y sensible con la realidad de su en­torno; es por ello que reivindicamos una intervención socioeducativa desde edades tempranas, desde las aulas de los colegios, porque la par­ticipación se aprende y enriquece el currículum escolar; así como, el acompañamiento y soporte al co­lectivo juvenil, en el descubrimiento de su propio proyecto de grupo en su comunidad, en sintonía con sus necesidades y motivaciones perso­nales y sociales.

Así también, una intervención que contemple una mirada global, sin perder la singularidad de cada joven, el cual, lleva a sus espaldas un equi­paje lleno de significativas experien­cias, que le hacen único y especial y en su proceso de construcción de vínculos seguros y sólidos, los cen­tros juveniles de ocio y tiempo libre representan valiosos espacios de re­ferencia, relación y aprendizaje des­de la educación no formal.

A modo de ejemplo, el Programa Esfera Jove, de la Fundación Maria­nao, trabaja por “fortalecer el tejido asociativo juvenil de la comunidad, y su compromiso social, personalizan­do las experiencias participativas y educativas de las y los adolescentes y jóvenes”, a través de la formación en participación, mediante los créditos de participación que se imparten en el instituto y el curso de dinamiza­dores juveniles; el acompañamiento y soporte técnico a jóvenes que for­man parte del vivero de proyectos sociales y el fomento de la autoges­tión de actividades comunitarias en el centro juvenil “lokal9”.

Así como, el Programa de ocio alter­nativo “Vente Pa’ka” en el que son las y los propios jóvenes, quienes crean y desarrollan actividades culturales y deportivas, de ocio saludable, los fines de semana y en horario noctur­no, para los propios jóvenes de su ciu­dad, escuchando sus motivaciones e intereses. Este proceso de liderazgo juvenil, les sitúa como personas ac­tivas que se coorganizan colectiva­mente y son capaces de crear alter­nativas innovadoras (Escape Room, cocina japonesa, salsa “choke”, taller de magia…), en las que participan centenares de participantes.

Cierto es que, existen evidencias científicas que explican como las y los jóvenes, después de pasar por procesos participativos y de lideraz­go juvenil, como es el caso de los centros de ocio y tiempo libre, han visto reforzadas sus competencias intrapersonales e interpersonales, así como desarrollado una humana sensibilidad e implicación en lo que concierne a las cuestiones sociales de su comunidad desde una óptica critica; la adquisición natural de unos valores democráticos, o el refuerzo en sus futuras competencias profe­sionales, entre otras.

Cabe destacar, la importancia de un enfoque interdisciplinar, cuyos agentes compartan una mirada sis­témica de la realidad y trabajen en red, estableciendo sinergias entre la administración pública, recursos técnicos, entidades del tercer sector, ciudadanía…por tal de generar un ecosistema 360º real de aprendizaje.

Finalmente, nos gustaría hacer hin­capié en la necesidad de situar a la infancia y adolescencia en el centro de las políticas públicas; así como en la corresponsabilidad que tenemos como ciudadanas y ciudadanos en la construcción de comunidades más cohesionadas, educativas, justas. To­das y todos somos constructores de oportunidades y humanidad.

viernes, 7 de junio de 2019

La felicidad… una televisión de 47 pulgadas


Héctor Colunga Cabaleiro, director Mar de Niebla-Asturias

Recuerdo aquella noche como si fuera hoy. Estábamos disfrutando de una rica cena en un mexicano de Barcelona. La conversación iba ganando profundidad pseudointelectual entre plato y plato. En ese momento un amigo suelta esa gran perla… “para mí la felicidad es una televisión de 47 pulgadas”. Lejos de parecer una broma, su argumento era expresado con la serenidad de alguien que cree y se cree lo que está diciendo. Ese día me hizo pensar mucho. ¿Cuánta gente puede sentir y vivir la vida soñando con teles de 47 pulgadas?...

Cuando pensamos en la educación, nuestro imaginario colectivo nos lleva directamente a construir una escuela, visualizar un libro de texto o evocar la voz de un profesor o profesora. Pensamos en ecuaciones, capitales del mundo o elementos de la tabla periódica. Queremos que niños, niñas y jóvenes sean los mejores  y sepan mucho para tener un buen empleo y poder comprarse una casa, un coche… ¿y una tele de 47 pulgadas?

A mí me gusta pensar en dónde está el alma y la intencionalidad de las cosas, de los procesos… ¿Dónde está el por qué, el para qué y el cómo? Y me niego a entender la educación como un proceso instrumental que busca generar seres individuales alejados del pensamiento crítico o de un enfoque hacia el bien común.

Quizás lo que en muchas ocasiones nos falte es entender la educación como un gran universo donde deben convivir multiplicidad de agentes, caminos, experiencias y oportunidades. Donde la comunidad juegue un papel referente y no testimonial. Donde se potencie el descubrimiento. Un universo infinito que también fortalezca nuestras competencias colectivas de ciudadanía. El sistema educativo tiene ese gran reto, esa gran tarea y responsabilidad.

Aquí es donde quiero poner de relieve el papel que jugamos las entidades, las asociaciones, fundaciones… la sociedad civil organizada, el tercer sector. Y dentro de todo el tipo de entidades que pueden existir, sobremanera aquellas que tienen base arraigada en el territorio, organizaciones que forman y conforman la realidad comunitaria de su entorno. Es en estos espacios donde se contribuye a vertebrar esas competencias colectivas ciudadanas. Pero veamos algunas.

Uno de los grandes retos que vivimos, y que el sistema educativo debe contribuir a resolver, es la convivencia. El entender y aprender que la diversidad enriquece, fortalece y ayuda a construir respuestas distintas. Vivir en una realidad homogénea no estimula la innovación, la cohesión o la proactividad. ¿Nos suenan algunas de estas palabras?... son factores claves en algo que nos encanta poner en negrita: el emprendimiento. Una cultura (o práctica) que solo se estimula desde la capacidad de acción que tenemos las personas, desde la experimentación, desde la resolución y transformación de aquellas cosas que pensamos se pueden mejorar.

Pero no se trata solo de convivir y tener capacidad de acción, algo que en muchas ocasiones nos sorprende es cómo hemos desaprendido a organizarnos. Tendemos cada vez más a esperar que las soluciones nos vengan dadas, que Google o Amazon nos ofrezcan el producto que nos resolverá todo. Una sociedad debe ser proactiva, y para ello debe entender y vivir con naturalidad la búsqueda de consensos, el trabajo en equipo, la mirada procesual. Debemos querer, poder y saber que se pueden hacer cosas; y para ello se necesita organización.

¿Por qué ocurren las cosas? ¿Por qué se pagan impuestos? ¿Cómo llega una camiseta a la estantería de una tienda? ¿Por qué hay más de un 20 % de personas en riesgo de exclusión y pobreza en nuestro país?... Todo tiene explicación. Todo puede ser respondido. Sin dudas, sin capacidad de replantearse lo que vemos y vivimos, nunca se podrán estimular muchas de las cosas que queremos que niños, niñas y jóvenes hagan en un futuro. Ese pensamiento crítico es vital para no vivir en un matrix manipulado. Es un elemento de protección en una realidad que va tan rápida que no nos permite disfrutar del maravilloso viaje que es la vida.

Estas son solo algunas de las competencias colectivas ciudadanas que desde las entidades día a día intentamos fortalecer. Un pequeño granito de arena a nuestro sistema educativo construido desde la educación no formal. Un trabajo que si se protegiera, potenciara y cuidara seguro que haría entender que la felicidad no es una televisión de 47 pulgadas.