viernes, 8 de marzo de 2019

La Educación Sexual cuando toque, no cuando yo quiera

Violeta Assiego, analista e investigadora social.


Nadie cuestiona la idea de que las niñas, niños y adolescentes tengan derechos. Sin embargo, existe una impresión generalizada y equivocada de cómo deben disfrutar de ellos.  Por ejemplo, la labor educativa y de acompañamiento suele centrarse en los aprendizajes y las habilidades, olvidando (casi por completo) el que posiblemente sea uno de los derechos más importantes de los que tenemos, también durante la infancia y la adolescencia: el derecho a ser escuchado.

Este va más allá de la participación, ahora tan de moda, que anima y permite a las niñas, niños y adolescentes (normalmente en asambleas y otros espacios grupales) a debatir y hablar sobre asuntos que les preocupan o que los adultos creemos que deben preocuparles. Un modelo de participación un tanto condescendiente, poco preparado para el debate, el conflicto y la asimetría, y en el que los adultos ‘dirigimos’ la participación de forma que podamos cumplir la planificación o responder a los objetivos del programa.

Creemos de esta forma, falsamente, que estamos dando voz a las niñas, niños y adolescentes y que expresando sus opiniones libremente cuando nosotros les dejamos estamos explorando suficientemente las cosas que les afectan y experimentan. Pero, al igual que nos pasa a nosotros, cuando algo nos afecta tiene que ser muy grande o grave para contarlo en el espacio habilitado, estructurado y preparado a tal efecto. Las “opiniones expresadas libremente” fluyen, normalmente, de forma espontánea, algo que, depende de dónde y cuando, tendemos a interpretar como impertinente o inoportuno, fuera de lugar.

El derecho a ser escuchado y la participación de la infancia y la adolescencia no es tal, si (en definitiva) terminamos nosotros diciendo lo que puede o no decirse y en qué espacios. A las niñas, niños y adolescentes les pasan cosas, continuamente; cosas que nos desbordan y que ellos no saben bien cómo aprender ni encajar, cosas que no siempre se solucionan mandándoles a una atención especializada e individual, medicándoles para calmar la ansiedad o apartándoles para que no interrumpan el ritmo grupal. A las niñas, niños y adolescentes les pasan cosas y terminarán por averiguar cómo hacerles frente bien a través de sus grupos de WhatsApp, de los youtubers o de las referencias adultas que tengan más cerca (unas veces admiradas y otras temidas).

No puede extrañarnos, por tanto, que –si ni nosotros sabemos qué hacer ni qué es eso del derecho a ser escuchado en los espacios donde trabajamos– las niñas, niños y adolescente, más allá de contar cosas cuando nosotros les decimos que pueden hacerlo, necesiten explorar y dar respuesta a sus emociones y experiencias, encontrar caminos, y alternativas que les ayuden a canalizarlos más allá de ‘nuestros’ espacios de participación.

Las niñas, niños y adolescentes hablan, sienten y piensan estemos nosotros o no, es más, a medida que crecen, suelen hacerlo con más naturalidad y sinceridad cuando nos estamos delante.

Sin embargo, en algunos temas, escucharlos es imprescindible no solo importante. Uno de esos asuntos clave para su desarrollo es la educación sexual, una de las demandas clásicas de las organizaciones de infancia no solo para educar sino para luchar contra la violencia de género y sexual.

Pero ¿cómo hablar de sexo y sexualidad cuando ese sigue siendo un tema delicado y complejo también entre nosotras y nosotros? Resulta este uno de los mejores ejemplos de cómo algo solo se aborda cuando el adulto está preparado para hablarlo. Sin embargo, el derecho a ser escuchado, también en la infancia y adolescencia, se ejerce cuando algo te afecta no cuando el otro siente que no le va a suponer un problema.

En este sentido, resulta aconsejable y muy ilustrativa la serie ‘Sex Education’ que se puede ver en Neftlix. Con mucho humor, pero a la vez fiel a la realidad,  muestra como (de principio a fin) es entre los propios adolescentes cómo se tejen las respuestas a las dudas y problemas sexuales que tienen que afrontar, porque los cambios hormonales y el deseo sexual no pueden esperar a que los adultos tengamos un rato para hablar.

La única pega que tiene la serie es que la situación que plantea es idílica y que la probabilidad de que entre un grupo de adolescentes exista uno como el protagonista es muy escasa. Sin embargo, el resto del planteamiento, absolutamente desprejuiciado es ejemplar. Es más, la serie por sí misma podría servir para canalizar la responsabilidad adulta de escuchar y hablar de un tema que, inexplicable y patológicamente, suele incomodar. Posiblemente, porque ni nosotros mismos sabemos lo suficiente cómo para transmitir que la sexualidad, siempre desde el consentimiento y la libertad, es uno de los espacios donde más podemos disfrutar. Solo aceptar esto en público puede ser interpretado como ofensivo, porque el sexo sigue siendo un tabú, aunque la violencia sexual esté dejándolo de ser. Pero esta solo se podrá atacar de raíz si logramos aceptar que necesitamos, todas y todos, más educación sexual.

viernes, 8 de febrero de 2019

Comenzando el 2019, vamos a hablar de educación



Cándido Alberto Ruiz Cimarras, educador del Centro Menesiano ZamoraJoven


Educación…, una palabra muy recurrida en muchos momentos de nuestra vida y utilizada por toda la sociedad, pero de la que parece que hacemos un uso casi banal.

¿Qué es educar? ¿quién tiene que educar? ¿cómo se tiene que educar? ¿para qué se tiene que educar? Pueden ser algunas de las preguntas a las que deberíamos enfrentarnos antes de pensar más allá, a las que deberíamos enfrentarnos cuando vemos y experimentamos que algo falla en el constructo de nuestra sociedad para tener que recurrir a ella tan frecuentemente, ante las que deberíamos responder cuando somos conscientes que, o hacemos algo que genere un cambio, que rompa con lo establecido…, o mal vamos a llevarlo.

Educar entiendo, desde mi humilde opinión, que puede ser todo aquello que ayuda a construir, a crecer, a madurar a la persona, a construir la sociedad.

Educamos en cada momento de nuestras vidas, más si se es referente en algún ámbito concreto, pero cualquiera educa desde su posición. Todos somos ejemplo o muestra en algún momento. Todos somos capaces de trasmitir conocimientos, vivencias, todos somos capaces de transmitir la esencia de nuestra persona, de lo que somos. Por medio de lo que hacemos, o dejamos de hacer, por todo aquello que decimos o que callamos, por todo aquello que simplemente interpretamos. En definitiva, todos formamos parte de algo más grande que nosotros mismos o lo que nosotros pensamos como individuos, y eso que aportamos, eso que brindamos a los que nos rodean, también es educar.

Todo el mundo es responsable de su propia educación y de la de aquellos que están a su alrededor, sin importar la posición, edad, sexo, creencia…, todos tenemos esa responsabilidad por el simple hecho de ser parte de esta sociedad. No podemos dejar la responsabilidad de educar en manos de otras personas, porque no puede ser así. Nosotros, todos, somos responsables de ello, y mirar hacia otro lado no hace sino agravar determinadas situaciones de las que luego todos vamos a ser víctimas o vamos a padecerlas.

Podemos educar desde varios ámbitos, pasando desde la formalidad de los sistemas establecidos, a la informalidad de las propias relaciones humanas, pero todos esos ámbitos tienen en común la responsabilidad de saber que lo que hacemos o decimos tiene repercusiones, que formamos parte de un gran engranaje que hace que todos seamos necesarios, que hace que todos nos beneficiemos o no de saber cuál es nuestro papel, y como tenemos que jugarlo.

Creo a la hora de responder “para qué se tiene que educar” es necesario pensar en un beneficio mayor que el personal. Educar es necesario para seguir avanzando como sociedad. La educación es la base del cambio, es un ejercicio de bondad y responsabilidad hacia los demás.

Educar es un  ejercicio de prevención global, es la manera de forjar cimientos de personalidades estables, correctas, justas, coherentes. Educar es potenciar las capacidades de cada una de las personas para que sigan formando parte de ese gran engranaje, para seguir avanzando hacia la mejora de las personas, de nuestra sociedad, para seguir comprendiendo que gran parte de lo que soy, es lo que otros han dejado de impronta en mí, y que quiero pensar que en un futuro otras personas serán al menos una parte de lo que yo he dejado en ellas.

Creo que es importante poner todo nuestro empeño en ser mejores personas, en dar nuestra mejor versión en todo lo que hacemos, en creer que podemos aportar algo para seguir avanzando, en sentirnos parte viva de la sociedad, en educar desde los sentimientos, desde la cercanía, desde la comprensión, desde nuestra esencia personal, desde lo que soy y tengo para mostrar y ofrecer a los demás.

jueves, 10 de enero de 2019

Pioneros, respuestas educativas para la transformación social

Pioneros de Pamplona, Logroño y Oviedo de los años 70, 80 y 90.

Es difícil responder a qué es o qué supuso Pioneros para quienes lo vivimos. Tenemos la respuesta en forma de emociones, pasarlas a palabras es complejo.

Desde su inicio Pioneros se ha guiado por un ideario resumido en una frase que, a modo de lema, figuraba en su sello de caucho: PIONEROS, Educación en libertad. Amistad, libertad y lucha.

Este lema se plasmaba en el quehacer educativo cotidiano y consistía en ayudar a jóvenes a crear vínculos más allá del entorno cercano, tender puentes de entendimiento de su realidad, enfrentar las contradicciones, comprometerse con los demás, aceptar al diferente, descubrir que los problemas individuales son colectivos y se puede hacer cosas para cambiarlos. En definitiva, se trataba de crear espacios educativos para favorecer lazos que unen, reflexiones libres y acciones trasformadoras.

También se ha plasmado en el quehacer de Pioneros como organización. Detectar necesidades promoviendo respuestas para dar oportunidades a quienes carecen de ellas, configuran una forma de caminar, de pensar y de actuar en todos los ámbitos: personal, social y profesional que propició poner en marcha recursos educativos en la búsqueda de soluciones para la mejora individual y colectiva.

En los barrios obreros de los años 70 en Pamplona, horadados por la falta de recursos y el avance de las drogas, las chavalas y chavales no encuentran horizontes. Unos jóvenes Pioneros empiezan a organizarse para ofrecerles respuestas armados de palabras y canciones.

El contexto social de los jóvenes hacía que muchos de ellos acabaran en la delincuencia. La respuesta de Pioneros fueron los educadores de calle.

Los jóvenes en esos días no tenían espacios para reunirse y pasar su tiempo libre. La respuesta de Pioneros fue el Club Juventus, en Logroño, y Club El Cañu, en Oviedo.

El educador en ocasiones se encontraba sin recursos ante el joven. La respuesta de Pioneros fue poner en marcha un equipo técnico que apoyara al educador y al joven.

Los jóvenes con fracaso escolar generalmente acababan excluidos del mercado laboral. La respuesta de Pioneros fue poner en marcha un Taller escuela.

Los jóvenes en conflicto familiar se escapaban de casa y carecían de techo. La respuesta de Pioneros fue poner en marcha un piso de acogida.

Los jóvenes no tenían más voz que las estridencias de sus conflictos. La respuesta de Pioneros fue ser portavoces de sus necesidades.

Las madres, saturadas por los problemas, buscaban respuestas. Pioneros creó el grupo de mujeres Casiopea.

La legislación ofrece a los menores que delinquen cumplir medidas distintas al internamiento en régimen cerrado. La respuesta de Pioneros fue ofrecer un programa de medidas alternativas.

La supervivencia económica de Pioneros como entidad pública estaba en riesgo. La respuesta fue alumbrar la Fundación.

Todas estas respuestas, no son experiencias  aisladas, sino que obedecen a un mismo hilo conductor que se origina en el barrio de Yagüe, y siguió en Pamplona, Oviedo y Barcelona.

No podemos dejar pasar la oportunidad de reivindicar el Centro de Formación, que se tuvo que cerrar hace un par de años.

Nada hay más educativo para un chico o chica que poder hacer con sus manos un producto que sea útil para alguien. Es por ello que, aun siendo conscientes de las dificultades, echamos de menos en nuestra Comunidad, un recurso de estas características destinado a hacer frente al fracaso escolar temprano. Un dispositivo educativo como el Taller, que Pioneros ha demostrado saber hacer y saber hacer bien todos estos años.

La idea de montar un Taller de reciclaje y soldadura, fue un empeño personal de Julián Rezola, él más que nadie sabía el valor educativo del trabajo, no en balde era de oficio, ajustador, herrero y hasta el último día de su vida educador.

Así lo ilustra este párrafo escrito por uno de los jóvenes que frecuentaban el Taller de herrería que Julián tenía en plena Ciutat Vella de Barcelona:

“Para Julián a las personas se las tenía que abrir aunque fuera con ganzúas y cinceles, airearlas y sobre todo despertarlas de su letargo social, no importaba su extracción social, a cada cual su misión, ya fueras pandillero o el jubilado de la esquina, cada uno deberá encargarse del despertar propio y del ajeno ”.

lunes, 10 de diciembre de 2018

Los jóvenes no son el futuro


Javier Alonso García. Periodista y patrono de Fundación Pioneros

Termina 2018, un año que marca un hito en la historia de Pioneros. No solo porque hemos cumplido 50 años, sino por cómo lo hemos celebrado: con numerosos actos que han jalonado el año, entre los que cabe destacar la Gala que celebramos en noviembre en el Museo Würth,  el Seminario Internacional que celebramos en octubre o la realización del Informe Juventud en La Rioja 2018. Son solo tres ejemplos de un año en el que nos hemos hecho merecedores de la Medalla de Oro de La Rioja y de un sinnúmero de reconocimientos y colaboraciones. Pero llega 2019, cumpliremos 51 años y esperemos que muchos más. Y vamos a seguir siendo necesarios y necesitando la ayuda de todos. Porque Pioneros se propone seguir avanzando con los jóvenes y sus familias, asumiendo nuevos retos, trabajando para que las propuestas operativas incluidas en el Informe Juventud en La Rioja se lleven a cabo, para contar con un Centro de Participación Juvenil, para extendernos al resto de La Rioja, para colaborar en las políticas de emancipación juvenil… en suma para contribuir a construir un mundo mejor.

Hace ya varias décadas que en Pioneros nos convencimos de la importancia de vincular a toda la sociedad en nuestra misión: construir una sociedad mejor con los jóvenes en el foco de esta transformación. No tenemos retos pequeños…

Como decía, en noviembre, presentábamos, junto al Gobierno de La Rioja, el Informe Juventud en La Rioja 2018, una reflexión colectiva que incluye a toda la sociedad, una investigación realizada por los jóvenes de Pioneros que se concreta en 11 propuestas operativas: en el desarrollo de lanzaderas para la emancipación de los jóvenes con medidas de apoyo económico, en propiciar el emprendimiento de los jóvenes, en elaborar  procesos eficaces para la transición del estudio al mundo laboral, en el desarrollo de un modelo de región que apueste por los jóvenes, en la apuesta de la industria cultural como medio de emancipación juvenil…

En Pioneros pretendemos que estas propuestas se concreten en medidas y que pasen a formar parte de la acción de Gobierno, del Ejecutivo regional y de las Administraciones locales. Esperamos que ante un año electoral como el que se avecina las veamos reflejadas en los programas electorales autonómicos y municipales de las distintas formaciones y en el programa de Gobierno de aquellos a los que los ciudadanos otorguen su confianza.

Para conseguir estos y otros retos, en Fundación Pioneros trabajamos desde 1968 con los jóvenes y sus familias para devolverles sus competencias y ayudamos a los jóvenes a acceder al mundo laboral formándoles en competencias que no se aprenden en clase: compromiso, esfuerzo, habilidades de comunicación, trabajo en equipo, proactividad, capacidad resolutiva...

Para poder seguir realizando programas que son realmente necesarios para miles de jóvenes y familias riojanas necesitamos que toda la sociedad de un paso al frente por los jóvenes.
Fundación Pioneros solo puede garantizar una cosa: un trabajo de calidad e innovador avalado por  50 años de experiencia en el acompañamiento a jóvenes y una gestión económica transparente y honesta.

Hay muchas formas de colaborar con Pioneros: con donaciones económicas o en especie, con la inserción laboral de jóvenes, organizando actividades a beneficio de Pioneros, con trabajo voluntario, con la difusión de nuestras actividades

La recompensa es la satisfacción por trabajar a nuestro lado en una gran causa, contribuyendo a crear una sociedad más justa. Porque en Pioneros no buscamos donantes, buscamos alianzas. Para ayudarnos a dar otra oportunidad a más de 800 jóvenes cada año, para ayudar cada año a 150 jóvenes a tener otra oportunidad a través de un empleo. Solo un ejemplo: Ummar es un joven que llegó a Pioneros desde nuestro programa Educándonos, participó en la Escuela de Liderazgo y luego en el Grupo Motor, pasó al programa de Empleo, estudió Integración Social, hoy es educador en Pioneros y recientemente presentaba junto al presidente de La Rioja el Informe sobre la Juventud en La Rioja. Tenemos grandes resultados y aún mayores retos. Con la ayuda de toda la sociedad vamos a alcanzarlos. Necesitamos la ayuda de todos.

Porque debemos desterrar algunas frases que, a menudo, los adultos pronunciamos: “El problema de los jóvenes” o “Los jóvenes son el futuro”… Los jóvenes no son un problema, son una realidad, y una realidad apasionante; y los jóvenes no son el futuro, son el presente.  

jueves, 8 de noviembre de 2018

Mi historia en Pioneros



Muhammad Ummar, educador de Fundación Pioneros

Un día, hace ya unos años, jugando una pachanga, un amigo me cuen­ta que la semana anterior había es­tado con los de Pioneros en un ta­ller y que le gustó mucho. Me invita a ir y me dice que yo también me lo voy a pasar a muy bien. Acertó. Desde el primer momento me lo paso bien, pero también me doy cuenta de una cosa, Pioneros no es un lugar solo para pasar un buen rato, sino que en las actividades se habla de temas que quizá no llega­mos a tratar nunca en nuestra vida de esa manera. El primer día que acudí a una sesión de la Escuela de Facilitación Juvenil, estaban ha­blando de los derechos humanos, y me chocó bastante el hecho de que no conociera muchos de ellos de ante mano. Así comenzó mi an­dadura por el programa Educán­donos de Fundación Pioneros.

Desde el primer momento sentí el apoyo y el vínculo con las y los edu­cadores. Me acogieron en el grupo como si fuera parte de él desde hace tiempo. Además de asistir a la Escuela de Facilitación, comencé a acudir a otras actividades como Guitarras del Barrio, algunos cam­pamentos, etc.
Cada vez que participaba en cual­quiera de las actividades me ayu­daban a reflexionar sobre la reali­dad que me rodeaba y no solo a nivel local sino también a nivel glo­bal. En ese momento yo estaba en la universidad, y me gustaba mu­cho la rama de las ciencias puras. Pero poco a poco empecé a darme cuenta de que no me veía toda la vida trabajando en eso, sino que quería hacer otra cosa, quería ayu­dar, y quería hacerlo bien. En ese momento hablé mucho con mis educadores, quienes me ayuda­ron a encontrar el camino hacia la formación que me haría falta para poder hacer esa labor social que yo buscaba.

En 2015 me apunté a la formación profesional de grado superior en Integración Social, donde me for­mé durante dos años y al final del segundo año hice las prácticas, como no podía ser de otra manera, en Fundación Pioneros, tanto en el programa Educándonos como en el programa Formación y Empleo para Jóvenes. Durante esos 3 esca­sos meses de prácticas aprendí un montón y me ayudaron a conocer todo el trabajo que tienen que ha­cer los educadores para poder lle­var a cabo todas las intervenciones y poder ayudar al máximo a los y las jóvenes.

Después de acabar las prácticas, empecé a buscar trabajo, pero como es normal al principio no encontré trabajo como educa­dor. Estuve participando, esta vez como usuario, en el programa For­mación y Empleo, y pasé por dos trabajos temporales. Diez meses después de haber hecho las prácti­cas en Pioneros, el director técnico me habló de que tenían un puesto de educador en el programa Edu­cándonos y que habían pensado en mí para cubrirlo. Era la mayor alegría que me podían dar, era un sueño cumplido. No lo pensé dos veces y dije que sí, es que lo quería conseguir y es para lo que me ha­bía formado.

Actualmente estoy trabajando como educador social, me encanta poder llevar a cabo mi vida labo­ral como tal, también me encanta poder ayudar y acompañar a jóve­nes en sus vidas. Además cada día aprendo más, tanto de mis compa­ñeros y compañeras como de los mismos jóvenes.

Esta es mi historia, en Pioneros aprendí mucho como usuario, en­contré mi vocación y ahora puedo compartir con otros jóvenes mi ex­periencia.

viernes, 5 de octubre de 2018

Juventud. Realidades Diversas. Respuestas profesionales


Fundación Pioneros

Fundación Pioneros celebra su 50 aniversario desde que en 1968 Ju­lián Rezola iniciara su trabajo con un grupo de jóvenes en el barrio de Yagüe de Logroño (La Rioja). Hoy, después de 50 años en con­tacto con adolescentes, jóvenes y sus familias, nos disponemos a celebrarlo con la intención sincera de realizar una reflexión colectiva sobre la juventud en la actualidad y lo haremos con la realización en Logroño de un Seminario Inter­nacional con el título “Juventud. Realidades Diversas. Respuestas profesionales” entre los días 17 y 19 de octubre.

En Pioneros trabajamos con jóve­nes y sus familias desde sus recur­sos y capacidades con el objetivo de que sean protagonistas de su proceso de mejora y de transfor­mación social.

Desarrollamos una intervención individualizada, con la familia, en formato grupal, terapéutico, edu­cativo y comunitario en un proce­so de innovación científico y profe­sional continuo.

Promocionamos una intervención basada en un enfoque de salud y de igualdad de derechos y opor­tunidades reconociendo la di­versidad cultural como elemento enriquecedor y favorecedor de la convivencia.

La sociedad actual es tremenda­mente exigente y contradicto­ria, los numerosos avances en la ciencia permiten hoy disponer de los conocimientos y recursos más avanzados en la historia de la humanidad, sin embargo, este desarrollo científico y tecnológico no está avanzando de forma igua­litaria para todas las personas, des­graciadamente muchos jóvenes y familias quedan en los márgenes de un sistema que no les ayuda a encontrar soluciones a sus proble­mas.

Sin embargo, las dificultades y ca­rencias que observamos en me­nores y jóvenes no tienen por qué limitar su desarrollo social y per­sonal. Comprobamos que la inter­vención realizada desde Fundación Pioneros facilita la promoción de sus competencias y considera la di­ferencia como un recurso potencial poniendo en valor actitudes positi­vas ante el conflicto, fomentando la solidaridad y el apoyo mutuo. Estos son los ingredientes que se dan en los diferentes equipos pro­fesionales que dan voz a menores y sus familias favoreciendo que sean auténticos agentes de cambio y de participación.

Sin duda la realidad nos plantea grandes retos: fracaso escolar, tasas de paro juvenil batiendo records históricos, violencia filioparental, bullying, violencia de género, difi­cultades en emancipación, depre­sión juvenil, el problema oculto del suicidio, problemas de salud mental, consumo de drogas, des­motivación, frustración, falta de acceso a los recursos, desigualdad económica y social, etcétera.

Por ello, trabajar con realidades sociales cambiantes, como son los jóvenes y sus familias, nos exige prestar atención a lo que sucede en nuestra sociedad y actualizar­nos como profesionales. Nuestro objetivo es compartir en este se­minario nuevas líneas de investi­gación y de intervención social de éxito que están contribuyendo al cambio de las problemáticas que nos plantea la realidad. Son mu­chos nuestros referentes: Matthew Selekman, Mark Beyebach, Marga Herrero, Roberto Pereira, Marco Marchioni, Paulo Freire, José Ma­nuel Álamo entre otros.

Hoy contamos con un gran núme­ro de enfoques y herramientas que nos permiten trabajar de manera innovadora, eficiente y eficaz los desafíos más complejos. Hoy más que nunca debemos cambiar el foco, reflexionar y poner en valor aquellos modelos que nos permi­ten la promoción y el empodera­miento de las personas jóvenes como protagonistas de su propio cambio.

Encontrarnos, compartir y coope­rar, poner en común conocimien­to y experiencias, para crear una agenda común que fortalezca el trabajo desde, con y para los y las jóvenes es la finalidad última de este Seminario Internacional. No dudes en aprovechar esta oportu­nidad e inscríbete.


viernes, 7 de septiembre de 2018

Consciencia para el cambio

Clara Moral, responsable del programa de Familias de Fundación Pioneros

“Soy otra persona, mi familia es otra familia. He salido de las cenizas hacia adelante, me han apoyado muchísimo, me han hecho ver que valgo más de lo que yo creía, que todo lo que hacía podía hacerlo y podía ir a más. Me han hecho mejorar mucho como persona”. 

Es el testimonio de Mari Mar, una de las madres que participa en el programa de familias que gestiona Fundación Pioneros gracias al apoyo del Ayuntamiento de Logroño. Un programa que  parte de la base de las capacidades que tienen las propias familias para gestionar los diferentes momentos vitales que acontecen a lo largo de la vida; sobre todo, en aquellos que requieren más flexibilidad y adaptación como es el periodo de la adolescencia. Esas capacidades y fortalezas son en muchas ocasiones olvidadas o dejan de tenerse en cuenta cuando se entran en dinámicas de problemas, reproches y acusaciones.

Para ello, se llevan a cabo varias intervenciones. Por un lado, sesiones individuales en las cuales se trabajan diferentes elementos que dificultan a la persona o al joven poder alcanzar un estado de bienestar tanto de manera individual como dentro de su sistema familiar y relacional. Además, se detectan de manera más profunda cuáles son los roles y las dinámicas que mantienen el problema para así, poder identificarlas y actuar sobre ellas.

Estos elementos se generan en un ambiente donde se cuida el establecimiento de una alianza terapéutica, un vínculo que facilita y posibilita de una manera más segura el cambio.

Por otro lado, se llevan a cabo grupos de padres y madres. Cada quince días nos reunimos en torno a un buen café y unas pastas que nos endulcen la tarde y por qué no decirlo, la vida.  Creamos un espacio acogedor, sentándonos en círculo, de tal manera que todos y todas nos podamos ver, mirar y sentir, teniendo una visión de apertura, confidencialidad y respeto. La responsable del programa se apoya en numerosas técnicas, bebiendo principalmente de técnicas vivenciales.

Se considera el trabajo grupal como un elemento diferenciador y necesario para poder adquirir nuevas herramientas y habilidades que faciliten la resolución de conflictos y conseguir un estado de bienestar más satisfactorio.

La temática está abierta. La comunicación, el respeto, los diferentes estilos de crianza, la responsabilidad, la confianza, la gestión de conflictos, la implantación de límites y normas, la necesidad de reconocerse como parte del sistema familiar, el cariño,  el afecto y el cuidado entre otros muchos otros, son algunos de los temas que se trabajan.

El grupo tiene una gran diversidad, personal y cultural; tiene como motor la presencia y la escucha activa; ingredientes que posibilitan un conocimiento personal más profundo de cada uno de los integrantes.


Permite compartir en un espacio de cuidado y bienestar los diferentes estilos educativos que cada uno de ellos tiene a la hora de relacionarse con sus hijos e hijas adolescentes. De esta manera, se facilita un aprendizaje mutuo y se adquiere una visión más compleja y profunda del propio sistema familiar.

Ayuda a relativizar, a minimizar, a darse cuenta de los elementos que favorecen el mantenimiento de los problemas y de aquellos que ayudan a resolver los conflictos que surgen en sus sistemas familiares de una manera más saludable, generando así menos sufrimiento y malestar.

Consiste en un trabajo de tomar consciencia, de darse cuenta, de frenar las conductas automáticas que nos impiden ver todo el potencial que tenemos nosotros y nosotras mismas a la hora de estar, de vivir y de educar a nuestros hijos e hijas adolescentes.

El hecho de vivenciar entre iguales las inquietudes, miedos y fortalezas que se tienen a la hora de educar a sus hijos e hijas adolescentes, es de por sí un elemento terapéutico.

Como en todo, a la hora de generar cambios, hacen falta varios ingredientes: implicación activa hacia un movimiento de cambio, responsabilidad y consciencia.