viernes, 14 de enero de 2022

La nueva ley de Formación Profesional

ODS 4: Educación de calidad

José Antonio Eyre Lorenzo. Abogado.

En el Consejo de Ministros, celebra­do el día 7 de septiembre de 2021, se apro­bó el anteproyecto de la esperada “Ley Orgánica de Ordenación e Integración de la Formación Profe­sional”.

Y digo esperada porque parece que a la formación profesional siempre se le ha considerado en nuestro país la “pariente pobre” como sali­da laboral para muchos jóvenes.

A partir de esta aprobación se pa­sará como proyecto a las Cortes en el cual los distintos grupos parla­mentarios tendrán la oportunidad para poder aportar enmiendas y en definitiva mejorar el texto. Sería deseable que, una norma de estas características, finalmente, fuere aprobada por la mayoría de esos grupos parlamentarios con presen­cia en el Congreso de los Diputa­dos.

Bien es verdad que casi toda la competencia referente a Educa­ción y Formación se encuentra traspasada a las Comunidades Au­tónomas, alguna de las cuales ya tienen su propia normativa sobre esta materia. Pero lo cierto es que, una ley general que regule para toda España la formación profesio­nal es necesaria -a mi juicio-, para que se establezca un común deno­minador en los objetivos a cumplir.

Bien es verdad que ha existido an­teriormente algún texto normativo que ha regulado parcialmente esta materia pero que al parecer, según el proyecto de ley que nos ocupa, no ha ofrecido una respuesta eficaz a las necesidades y al modelo que la nueva economía requiere pues hasta ahora habían existido dos sis­temas: la formación profesional del sistema educativo y la formación profesional para el empleo, es decir dos subsistemas destinados a dife­rentes colectivos, sin relación entre ellos, lo que supone una fuente de limitaciones importantes en la cua­lificación y recualificación profesio­nal en España.

En todo caso en su “Preámbulo” ya se indica que se necesita con urgencia -en el mundo del trabajo y en nuestro país-, un mecanismo que ayude a aproximar demanda y oferta de trabajo siendo que la ele­vada tasa de empleo juvenil espa­ñola desciende más de cinco veces entre titulados de formación profe­sional. Para ello se dice que el buen fin de un sistema de formación pro­fesional eficaz exige una estrecha alianza, cooperación y confianza entre tres actores: autoridades edu­cativas y profesores, empresas y fa­milias. Esta alianza entre estos tres actores es importante en especial cuando se habla de la formación profesional dual.

Al mismo tiempo se indica que la urgencia de la reforma radical de la formación profesional viene en cierta manera motivada por la oportunidad que ahora represen­tan los llamados Fondos Europeos “Next GeneraTion UE” en la medida en que servirán para financiar el nuevo sistema que al respecto se desea implantar. Para ello la Ley decide incorporar las transforma­ciones fruto de la digitalización y la economía verde y la sostenibilidad en todos los sectores económicos, como vectores clave del empleo, la economía y la sociedad para cons­truir el futuro y generar nuevas oportunidades socioeconómicas y, consecuentemente, profesionales.

Quien esto suscribe no desea en­trar en más detalles sobre este pro­yecto de ley en materia de forma­ción profesional, en la medida en que este solo ha iniciado su anda­dura en el proceso de aprobación legislativa y, por lo mismo, lo más probable es que el texto finalmen­te sufra modificaciones sustancia­les en su contenido con la aporta­ción la comunidad educativa y de los distintos grupos políticos con representación parlamentaria.

El único deseo es que el texto final sea el resultado del más amplio consenso posible porque la educa­ción y la formación profesional han de ser tratados como una cuestión de estado y no una cuestión parti­dista. Los jóvenes españoles solo esperan, de todos los actores, la necesaria altura de miras.

viernes, 3 de diciembre de 2021

Voluntariado y TIC: un tándem ganador

ODS 17: Alianzas para lograr los objetivos

Marta Castillo Charfolet, responsable del Área de Estudios e Innovación Social de Fundación Tomillo

En 2021 muchos de nuestros actos cotidianos dependen de las tecnologías de la información y de la comunicación o TIC, y de la interacción por medios digitales entre personas, organizaciones, colectivos o instituciones públicas.

Nos conectamos en el trabajo, en nuestro tiempo de ocio, en las relaciones de amistad o de pareja o para comunicarnos con nuestra familia, las tecnologías de la información y de las comunicaciones ocupan cada vez un lugar más central en la política, la economía y la sociedad. No es posible entender el devenir del mundo contemporáneo sin atender a los cambios tecnológicos producidos en las últimas décadas.

El voluntariado no es ajeno a estos cambios.

Como analizamos en nuestro informe VOLUNTIC: Estudio sobre el impacto del uso de las TIC en la acción voluntaria, (de Fundación Tomillo) las nuevas tecnologías están haciendo evolucionar lo que se entiende por voluntariado y la manera en que se desarrolla. Hace unos años, una persona que quería prestar su tiempo ayudando a diferentes causas se acercaba a su organización de barrio y se comprometía con un proyecto concreto de una manera más o menos duradera, a donde acudía unas horas por semana para colaborar. En la actualidad Internet permite potencialmente participar con el tiempo propio en proyectos de cualquier parte del mundo y en cualquier temática. No es necesario estar físicamente presente, se puede colaborar a distancia, y que esa colaboración se produzca a cualquier hora y en la duración preferida, sea esta de segundos, de semanas o de años: apoyar una campaña de ciberactivismo solo requiere un “retweet”, la edición o revisión de un documento puede llevar un par de horas, dar clases de refuerzo a jóvenes de secundaria es un esfuerzo de semanas o de meses.

Las TIC permiten que la actividad voluntaria sea más flexible, adaptada a las circunstancias de cada persona, al tiempo de que dispone y al grado de compromiso que desea. Esto ha permitido ensanchar la base social del voluntariado porque las TIC permiten salvar lo que antes eran limitaciones: ya no es necesario estar físicamente presente en un lugar, ni realizar la actividad en un horario concreto, ni siquiera establecer un compromiso duradero o estable con una entidad, lo que hace posible la incorporación al voluntariado de muchas personas que antes por razones de tiempo, distancia, ubicación – por ejemplo, en el caso de las zonas rurales -, u otros factores – por ejemplo, una discapacidad- , no podían desarrollar una actividad voluntaria.

El voluntariado en 2021 se desarrolla los 365 días del año, 24 horas del día, y en cualquier lugar.

Hoy en España hay 2,7 millones de personas voluntarias (Perfil de la solidaridad en España. PVE, 2020) pero las TIC hacen posible que nuevos perfiles de personas pueden donar su tiempo y esfuerzo de manera solidaria, la atracción de colectivos antes más alejados de estas prácticas (por ejemplo, jóvenes) y la inclusión de otros que antes encontraban más barreras a su participación (por ejemplo, personas con discapacidad), lo que supone un enriquecimiento en todos los sentidos del voluntariado.

¿Cómo aprovechar esta fuerza motora para responder a los retos sociales que se nos plantean? Las entidades del Tercer Sector, que canalizan en buena medida la acción voluntaria en nuestro país, tienen un reto en este sentido. Algunos estudios muestran que en general este sector está poco maduro en lo digital, lo cual contribuye a explicar el limitado alcance del voluntariado mediado por las TIC hasta el momento; no obstante, la pandemia de la Covid19 ha impulsado la transformación digital de estas organizaciones y, por ende, el voluntariado digital. Si atendemos a los datos que recogimos en la encuesta del estudio ya mencionado, el 90% de las entidades decían haber llevado a cabo, en los 12 meses precedentes, actividades de voluntariado mediadas por las TIC en su diseño, en el objetivo o en el contenido de la propia actividad.

Las organizaciones del Tercer Sector tienen, en síntesis, una oportunidad inmejorable de encauzar esta “fuente de energía” voluntaria gracias a las nuevas tecnologías, y con esta participación, aumentar su impacto social y ofrecer sus servicios con mayor calidad y eficacia para el conjunto de la sociedad.

viernes, 5 de noviembre de 2021

Lo que se nombra existe. La necesidad del uso no sexista del lenguaje en las aulas

 ODS 5: Igualdad de género

Cristina Fernández. Pedagoga, psicopedagoga, agente de igualdad y experta en intervención en violencia de género.

Numerosos son los debates que giran alrededor del uso sexista que se le da a la lengua castellana y a la necesidad de reformular nuevas formas de expresión y comunicación, mediante las cuales se visibilice y se nombre a las mujeres.

El lenguaje es un manifiesto de la realidad y a su vez es una construcción de ella. Por este motivo es necesario ser conscientes de la importancia que tiene el hacer un uso adecuado de él para evitar discriminaciones sexistas y no perpetuar estereotipos. Tal y como Susana Guerrero, profesora de lengua, expuso en 2010 en el artículo llamado “El sexismo lingüístico: un tema de actualidad”, la lengua es el instrumento que permite expresar nuestros pensamientos, ideas y nuestra forma de concebir el mundo, lo que contribuye a nuestra interpretación de la realidad. La lengua, es también, por tanto, el reflejo de la cultura de una sociedad en un determinado momento y lugar.

Por ello, si el uso correcto del lenguaje es de tal importancia debido a la repercusión que supone en la sociedad, sería necesario que se revisara su uso para que desde ahí se combata el sexismo y la desigualdad existente entre hombres y mujeres, visibilizando, nombrando y no atribuyendo cualidades de superioridad o inferioridad en función del sexo.

La lengua castellana cuenta con un amplio y rico abanico de recursos, de vocabulario y de múltiples formas de expresión que permiten crear discursos no discriminatorios y no sexistas. Normalizar lo que se ha llevado a cabo durante años no significa que sea la forma correcta de llevar un discurso. Todo cambio requiere su tiempo, y el reeducar la forma de discurso que hemos ido aprendiendo a lo largo de nuestra vida, no es algo sencillo. Por esta razón, desde el ámbito educativo y formativo se deberían crear e implantar guías de uso de lenguaje no sexista con el fin de sensibilizar y enseñar diferentes estrategias para lograr un buen uso del lenguaje, y para crear nuevos pilares.

Algunas de las formas de uso de lenguaje más sexistas que podemos encontrar en los discursos no inclusivos pueden ser el uso del masculino genérico, plurales mal formulados (omitiendo el femenino), expresiones descalificando a mujeres y elogiando los hombres, y la feminización y masculinización de las profesiones.

Puesto que la escuela es transmisora de valores, conocimiento, actitudes y favorece el desarrollo integral del alumnado, se debe abogar por una educación en la que se potencien los mismos derechos y oportunidades para ambos sexos.

Consecuencia de ello, profesionales de la educación, juegan un papel fundamental a la hora de la transmisión de valores no sexistas mediante las prácticas educativas y la selección de contenidos, por lo que deben transmitir siendo conscientes de la influencia directa que tienen sobre el alumnado. Como se ha dicho anteriormente el lenguaje es una muestra de la sociedad y si no hacemos un buen uso de ella, la sociedad seguirá impregnada en el sexismo.

También hay que tener en cuenta el currículo oculto y todo lo que conlleva, puesto que, de manera sutil e imperceptible se instaura en comportamientos, creencias, forma de hablar, etc.

Así mismo, existe la tarea fundamental de implementar en libros de textos y discursos el uso de un lenguaje no sexista. Libros de historia, literatura, filosofía, están repletos de términos usados como masculino de genérico para referenciar a hombres y a mujeres, por ejemplo, el término “hombre”, utilizado para hacer referencia a la “humanidad”. Este poder patriarcal en el uso del lenguaje repercute a la invisibilización de la mujer, puesto que se continúa poniendo el foco de atención en el hombre y en el uso del masculino para englobar todas las realidades, en las cuales también han existido mujeres. Además, se debería realizar una revisión de los contenidos escolares, ya que se presentan más figuras de hombres que han sido importantes a lo largo de la historia, que, de mujeres, y no por falta de existencia, sino porque históricamente siempre se ha invisibilizado su trabajo y se le ha dado menor importancia, por el hecho de ser mujer.

Por consiguiente, la educación es un pilar fundamental para erradicar las desigualdades y la violencia que hoy en día siguen perpetuándose en la sociedad. Comenzar a visibilizar, a nombrar a las mujeres y a darles el lugar merecido, es uno de esos pequeños cambios que ayudaran a fomentar una sociedad menos sexista, con mayor igualdad de oportunidades y más justa.

viernes, 8 de octubre de 2021

Restableciendo la autoridad parental

ODS 4: Educación de calidad

Víctor Manuel Pérez Vega, trabajador social, terapeuta familiar y de pareja y Jesús Alberto Vélez Valle, psicólogo. Fundación Pioneros.

En muchas ocasiones nos encontramos con sentimientos de culpa y vergüenza expresados por madres y padres que viven una situación conflictiva con sus hijos e hijas adolescentes. 

En las entrevistas que realizamos a las familias en el programa Re-Encuentro de Fundación Pioneros, nos exponen que ya no saben qué hacer, que se sienten malos padres y malas madres, que están a punto de “tirar la toalla” en la educación de sus hijos e hijas y nos preguntan qué pueden hacer para mejorar las cosas. 

Surge en este momento una oportunidad de plantear un nuevo marco de relación en la familia que permita identificar, integrar y exteriorizar estos    sentimientos “prohibidos” para entender mejor sus relaciones. 

Transformar la queja sobre el problema en una demanda familiar conjunta en la que cada miembro del sistema familiar asuma su propia responsabilidad, interesándose por el estilo educonormativo de los progenitores (AUTORIDAD PARENTAL) que junto a la nutrición emocional constituyen los dos pilares básicos desde donde se puede ofrecer una base segura en la crianza y educación de hijos e hijas. Estos progenitores no se perciben como tales y los hijos tampoco los perciben como padres. Los padres y las madres sienten que han perdido la autoridad y los jóvenes e infantes no la respetan. 

¿Entonces cómo pueden padres y madres ir recuperando la autoridad parental? 
Cuando hablamos de recuperar la autoridad no nos referimos al concepto antiguo de autoridad que denota lejanía, distancia entre progenitores e hijos, control absoluto y obediencia ciega sobre los infantes que tienen que obedecer. Una autoridad donde los padres y madres están por encima de los hijos e hijas sin aceptar críticas de forma rígida, donde se identifica al niño bien criado con el obediente y donde la punición tiene que ser inmediata para que responda desde la obediencia total. 

Hablamos de una autoridad que se base en la cercanía y en la presencia, donde padres y madres tienen la experiencia de que existen y tienen más peso en la familia como progenitores y los infantes tienen la experiencia de que tienen padres. 

Es la autoridad mantenida por la actitud decidida de los progenitores que expresan que todo lo que le pasa a mi hijo o hija me interesa cuando todo va bien y especialmente cuando las cosas se complican. 

Es una autoridad que no es invasiva y que sí respeta la individualidad del niño. Pero cuando las cosas van mal hay una vigilancia más decidida y cercana focalizada en las señales de problemas o más protectora cuando se necesita protección. 

Es una autoridad que se basa en el auto-control y no en el control sobre otra persona. Donde los padres envían el mensaje de que tenemos el control sobre lo que hacemos y si tengo que protegerte iré a buscarte cuando no llegues a casa. De esta forma se ganan el respeto del otro. 

Es una autoridad no principalmente piramidal y jerárquica, sino más bien es una autoridad reforzada y sostenida por la red de apoyo (familia extensa, amistades, escuela, etc.). 

Es una autoridad donde se cambian los mensajes que se envían a los hijos e hijas: de “tú harás lo que yo digo” a “nosotros haremos lo que decimos”; no a la punición inmediata y sí a la persistencia, paciencia y tiempo, se toman las decisiones cuando las cosas se hayan calmado y no hay que vencer al niño o niña y sí que hay que persistir.

Es una autoridad basada en la creación de un marco de relación positivo entre toda la familia, donde todos y todas se aceptan de forma incondicional generando en los hijos e hijas la percepción de que sus progenitores son una base segura desde donde pueden salir a explorar el exterior porque pueden volver. Los padres y madres se anclan en su función parental estabilizando al hijo o hija ante sus conflictos o conductas de riesgo.

El efecto de esta nueva autoridad recuperada por los progenitores  es doble: experimentan que son competentes y que están presentes en las vidas de sus hijos e hijas (se refuerza su rol de autoridad) y los infantes perciben a los padres y madres presentes en sus vidas de forma positiva ya que pueden recurrir a ellos en todo momento pero especialmente cuando las cosas van mal. 

No es una tarea fácil ni sencilla, tampoco una respuesta estándar ya que cada familia constituye un marco de relación propio y particular. Es una propuesta para asumir la presencia parental en la apasionante y, a veces, compleja labor de educar, proteger y guiar a sus hijos e hijas.

viernes, 3 de septiembre de 2021

El impacto del sexismo en los chicos y su derecho a ser felices

ODS 5: Igualdad de género

Ritxar Bacete González, coordinador de Promundo Global en España, investigador social y escritor.

Ya no se puede poner en duda que el feminismo ha cambiado el mundo en el que vivimos, revolucionando radicalmente la posición de las mujeres en la sociedad y, por consiguiente, cuestionando el lugar de los hombres, y muy en especial, las expectativas y el lugar que van a tener que ocupar, no ya en el futuro, sino en el presente los varones, que hoy son nuestros niños. 

Como hombre, padre, educador y referente que acompaña en la vida a dos niñas y a un niño, son muchas las preguntas que me ocupan, preocupan y que trato de resolver: ¿Cómo queremos que sean las vidas de los chicos? ¿Cómo encajan los roles masculinos en una sociedad igualitaria? ¿Qué podemos hacer para que nuestros hijos varones sean más libres, felices y creativos? ¿Cómo educar a los chicos en modelos de masculinidad amables, pacíficos y alejarles de los roles tóxicos? ¿Cómo se logra redefinir la masculinidad alejada de modelos hegemónicos dañinos históricamente dominantes y basados la competitividad, la negación de la expresividad o la legitimación de la violencia? Ha llegado el momento en que tiene que empezar a ser prioritario pensar en los niños como sujetos impactados, condicionados y limitados estructuralmente por el sexismo. Toca  pasar a la acción desde una mirada integral de género, acompañando a los niños y jóvenes,  para facilitar que puedan encontrar su lugar, facilitando un encaje amable y activo, en el mundo más igualitario, justo bello y feliz, que estamos contribuyendo a construir. 

Una de las mayores alegrías que nos ha proporcionado la teoría feminista a los hombres, es la tan emancipadora como esperanzadora idea acuñada por Simone de Beauvoir, que hace referencia a la percepción de que “no se nace mujer, se llega a serlo”. O lo que es lo mismo, no hay un destino inamovible basado en la biología, el sexo o la mística de la maternidad, que determine las posibilidades de ser, estar, hacer, pensar y sentir , que tienen las mujeres en el mundo. 

Del mismo modo en que no existe un destino universal en lo que ser refiere a la construcción de las identidades de las niñas y las mujeres,  exactamente lo mismo ocurre con niños, los chicos jóvenes y los hombres; por lo que tampoco se nace hombre, niño, chico o varón, sino que se llega a serlo. 

La mayor prevalencia de la violencia en los hombres, la menor participación en los cuidados, el predominio masculino en las esferas de poder, o la mayor predisposición a generar situaciones de riesgo, no tienen nada que ver con una esencia innata o con un destino masculino universal. Como creación humana, también son fruto de una construcción social hegemónica (y tóxica), y como tal, puede (y debe) ser revertida y modificada, a favor de modelos de masculinidad democráticos, o lo que es lo mismo, pacíficos, expresivos, colaborativos y cuidadores. 

Otro factor clave para apostar por la transformación de las masculinidades tóxicas heredadas, tiene que ver con la evidencia de que el empoderamiento, la libertad y las vidas libres de violencia en las niñas, no serán posibles sin el empoderamiento positivo de los niños. Empoderar a los varones no significa profundizar en las relaciones de poder e inequidad, sino que el empoderamiento masculino pasa por la toma de conciencia, desde la emoción percibida en los cuerpos, los sentimientos y las acciones, de los cambios que se han producido en las vidas de las niñas y de la sociedad que les rodea, motivándoles y acompañándoles cada día, para que se desenvuelvan en sus relaciones de forma igualitaria, equitativa, comprometida y libre.

Para lograrlo, tenemos que liberar también a los chicos de los estereotipos sexistas que les privilegian, pero  que también les impactan y oprimen, pagando el alto precio de tener que limitar sus posibilidades de ser y estar en el mundo de forma humana: expresiva, tierna y compasiva.

Pero para bajar a tierra y que este artículo pueda resultar útil, quiero compartir  con vosotras y vosotros, diez  recomendaciones prácticas sobre cómo  acompañar a los niños a crecer fuera de estereotipos y mandatos patriarcales. 

1.- Honrar y cuidar el cuerpo de los niños: como un espacio de creatividad, vulnerable y maravilloso. Son cuerpos para sentir, disfrutar, cuidar y actuar con respeto y compasión. 

2.- Cultivar, propiciar y facilitar el reconocimiento de las niñas como iguales: en derechos y capacidades: Hablar bien a los niños de las niñas.

3.- Fomentar el reconocimiento de las mujeres poderosas. 

4.- Poner en valor los ejemplos de hombres, buenos, pacíficos y cuidadores. 

5.- Invitarles e incentivar que se responsabilicen de las tareas de cuidado y los trabajos domésticos. 

6.- Ser conscientes de las desigualdades que siguen prevaleciendo entre mujeres y hombres: ponerles ejemplos concretos y hacerles partícipes del cambio. 

7.- Conectar con el medio ambiente como parte del todo: Cuidar una planta, adoptar un árbol: conocer las funciones que cumple para nuestra supervivencia y abrazarlo. 

8.- Acompañarles en el reconocimiento y gestión de las emociones: la tristeza, el miedo, la rabia, la calma. 

9.- Entrenar la empatía y la compasión: reforzar y valorar ponerse en el lugar de las demás personas. 

10.- Transitar por la parte expresiva de la vida: apoderarse de todos los colores del arcoíris. 

Acompañar en la vida y educar a los chicos en la era del feminismo no es tarea fácil y requiere de personas adultas de referencia, especialmente padres, madres, educadoras y educadores, sensibilizadas y formadas en clave de género y feminismo, que incorporen la mirada y el análisis específico del impacto que el sexismo tiene también en los niños y los chicos jóvenes. ¿Cómo puedes ayudar a criar a un niño libre y feliz? Comprometiéndote tú también, como adulta, con el cambio que quieres ver en él.

viernes, 6 de agosto de 2021

Impacto de la COVID-19 en la juventud de La Rioja

ODS 3: Salud y bienestar

José Manuel Valenzuela Pareja, coordinador técnico de Fundación Pioneros.

El Informe diagnóstico: Impacto de la COVID-19 en la juventud de La Rioja arroja algunas evidencias preocupantes: el 55% de las y los jóvenes han vivido su situación educativa como mal organizada, poco adaptada metodológicamente y con falta de apoyo suficiente por parte del profesorado. Además, el 14% de jóvenes expresan haberse descolgado del curso y 1 cada 4 jóvenes no se siente seguro en su entorno educativo. 

En cuanto al empleo, el 22,8% hace referencia a la pérdida total de su puesto de trabajo, seguido de un 17,8% que alude haber entrado en situación de ERTE. 

La salud emocional de las personas jóvenes se ha visto afectada de manera contundente: el 45,9% (el 33,9% en mujeres) se ha sentido triste o con depresión en algún momento de esta pandemia.

El 15% de las persona encuestadas, reconoce situaciones de tensión y otro 6% alude a la existencia de violencia verbal o física en sus núcleos familiares. 

En cuanto a las relaciones sociales, casi la mitad de jóvenes, un 48,9%, plantea que ha perdido relaciones anteriores. Uno de cada 10 jóvenes conoce casos en los que alguna persona ha sufrido algún tipo de acoso o presión no deseada a través de redes sociales. 

Analizando los hábitos de consumo de tóxicos entre los y las jóvenes en el post confinamiento, se evidencia que el 10% ha continuado con malos hábitos. 

En conclusión, podemos señalar que tras el análisis de datos el comportamiento general de los y las jóvenes desde el comienzo de la situación generada por la COVID-19 ha sido excelente. Es por ello que la percepción que tienen sobre cómo son vistos les genera frustración. En efecto, detectan que existe una tendencia a globalizar en la juventud los comportamientos de transgresión de normas, mientras que con otros colectivos no sucede lo mismo. 

En cuanto a la alteración de los hábitos de vida por los contextos restrictivos, se evidencia una repercusión importante en la salud mental de toda la población, particularmente en el colectivo joven, donde la socialización cobra especial relevancia para su desarrollo psicoemocional y evolutivo. En consecuencia, encontramos un aumento del número de horas de conexión a la vida digital y redes sociales. Además, cabe destacar la percepción de una mayor exigencia en el contexto académico, sumada al desarrollo de un tipo de aprendizaje casi autónomo por la supresión de las clases presenciales. Por último se reflejan cambios en las rutinas de sueño y alimentación y descenso o ausencia de actividades deportivas. 

Dentro del contexto global, hay que señalar la preocupante situación de quienes están viviendo todo lo sucedido desde situaciones de precariedad económica. En estos casos, la pandemia ha venido a acentuar la difícil situación que ya venían pasando, muy en contraste con las situaciones idílicas de confinamiento que hemos visto en diferentes medios de comunicación.

La incertidumbre y la saturación de información en los medios de comunicación y en la calle sobre el tema de la COVID-19, también les está afectando, generando estados de mayor irritación y de aislamiento social. Existe actualmente una enorme preocupación por el futuro y una gran impotencia por el presente en todo lo concerniente al mundo laboral. Muy posiblemente, estamos hablando de una de las generaciones con mayor incertidumbre y menos aspiraciones de los últimos años. 

En el  ámbito de la salud, el miedo es protagonista. Más concretamente, se refiere miedo al contagio de familiares cercanos y miedo a que esta situación se prolongue indeterminadamente en el tiempo. Por ende, entre la juventud existe un enorme desgaste debido a la privación y limitación relacional, ahora marcada por la distancia social. Continúa la frustración respecto a las normativas contradictorias, los resultados negativos a pesar de los esfuerzos realizados y la tendencia a la culpabilización de la juventud. 

Todo ello nos hace plantear las siguientes líneas de actuación a modo de propuestas: 

  • La necesidad de abordar la salud emocional y los estados de tristeza, depresión, nerviosismo o frustración.
  • El reorientar la formación académica tras la pandemia, adaptando planes y atendiendo también otros aspectos que no son exclusivamente académicos.
  • La necesidad de identificar, detectar y gestionar situaciones informativas de cualquier tipo de violencia.
  • La importancia de trabajar la realidad de los y las jóvenes en el mundo laboral de manera prioritaria.
  • La necesidad de abordar las expectativas, la confianza, el emprendimiento, el esfuerzo y la ilusión como signos de una adecuada salud emocional. 

Quizá sea la población joven la que tendrá que lidiar con las consecuencias de la pandemia más a largo plazo. Pongamos los medios necesarios para salvar vidas y no desatendamos otras necesidades humanas que no son menores, como lo son la salud mental y el derecho a desarrollarnos integralmente como personas.

viernes, 2 de julio de 2021

De qué va la feminización de las migraciones. Mujeres que protagonizan su historia migratoria

 ODS 5: Igualdad de género

Yanitza Torres G. Rioja Acoge, Proyecto Inmigracionalismo.

El camino de migración puede ser muy dispar para cada perso­na. A través de la mirada de dos mujeres nos acercamos a sus ex­periencias migratorias, su vida en España y su participación en la denominada “feminización de las migraciones”.

Decidir migrar con la responsa­bilidad en tus hombros

Con el casco de la moto en mano, cruza la puerta Zahida Parveen. Una mujer pakistaní que hace casi quince años llegó a España para quedarse. Recuerda la ale­gría y la ilusión con la que viajó definitivamente a este país a sus 33 años. Estaba convencida: “voy a España como van los hombres: a buscar trabajo y luego a reagru­par a la familia”.

Cuenta con satisfacción que fue de las primeras de su familia en llegar a la península y a pesar de que contaba con el respaldo de una de sus hermanas, vino sola, dejando en su país de origen a su marido y 9 hijos. En su pueblo, cerca de la ciudad de Gujrat, re­gentaban una tienda de alimen­tación, pero “por más que traba­jaba, no lográbamos tener una vida buena”.

Zahida llegó con un contrato de trabajo que le ofreció una em­presa de servicio de limpieza en La Rioja. Su finalidad: hacer lo necesario para lograr el reagru­pamiento de sus seres queridos. El siguiente paso fue acercarse a Rioja Acoge para solicitar ayuda al respecto. Con el tiempo logró su objetivo.

Dicotomía del camino migratorio

Las diferencias en el recorrido migratorio son marcadas desde el principio por la situación par­ticular de cada mujer. También influye la forma de viajar: quien migra en avión tiene una pers­pectiva y oportunidades distintas para llegar al destino, diferente a quien lo hace en coche o en una embarcación. Incluso, la ruta puede estar determinada por la profesionalidad de la persona.

Nini Dione cursó en Senegal el Título Superior de Electricidad durante tres años y, al igual que ocurre en casi todo el mundo, era de las pocas chicas que había en clase. Se presentó para una oferta de empleo en el Ministerio para la Juventud y el Empleo de Senegal y fue una de las seleccionadas para trabajar en una fábrica.

Para sorpresa de Nini, la empresa que la contrataba quedaba en Es­paña. No creyó que saldría de su país, hasta que tuvo el pasaporte en la mano. “Yo trabajaba cuan­do algunos españoles no que­rían hacerlo en el campo. A mí me encanta mi país, yo no quería salir, allí tenía recursos, pero lo vi como una oportunidad para in­dependizarme y como una expe­riencia de vida”.

La feminización de las migra­ciones

Las historias de Zahida y Nini son cada vez más comunes, forman parte de lo que se denomina “fe­minización de las migraciones”. Como expresión puede confun­dir al hacer pensar que hay una mayor proporción de mujeres migrantes, cuando de hecho ha­cia 1960 las mujeres ya represen­taban cerca del 47% del total de personas migrantes internacio­nales, porcentaje que crecería apenas un par de puntos más durante las siguientes décadas, llegando al 49% actual. En este aspecto España es un fiel reflejo:


5.423.198 era la población ex­tranjera en España en 2020. De ellas, 2.715.333 son hombres y 2.707.865 son mujeres, casi al 50%, según el Instituto Nacional de Estadística.

Aunque en algunas regiones del mundo efectivamente ha habido una feminización neta de los flu­jos migratorios, lo que realmen­te ha cambiado en los últimos años es el hecho de que cada vez más mujeres migran de forma independiente, en vez de ha­cerlo como “dependientes” al viajar con sus esposos, parejas o familiares o reuniéndose con ellos en el exterior. Las mujeres realizan un papel cada vez más protagónico y personal en los procesos migratorios.