viernes, 3 de septiembre de 2021

El impacto del sexismo en los chicos y su derecho a ser felices

ODS 5: Igualdad de género

Ritxar Bacete González, coordinador de Promundo Global en España, investigador social y escritor.

Ya no se puede poner en duda que el feminismo ha cambiado el mundo en el que vivimos, revolucionando radicalmente la posición de las mujeres en la sociedad y, por consiguiente, cuestionando el lugar de los hombres, y muy en especial, las expectativas y el lugar que van a tener que ocupar, no ya en el futuro, sino en el presente los varones, que hoy son nuestros niños. 

Como hombre, padre, educador y referente que acompaña en la vida a dos niñas y a un niño, son muchas las preguntas que me ocupan, preocupan y que trato de resolver: ¿Cómo queremos que sean las vidas de los chicos? ¿Cómo encajan los roles masculinos en una sociedad igualitaria? ¿Qué podemos hacer para que nuestros hijos varones sean más libres, felices y creativos? ¿Cómo educar a los chicos en modelos de masculinidad amables, pacíficos y alejarles de los roles tóxicos? ¿Cómo se logra redefinir la masculinidad alejada de modelos hegemónicos dañinos históricamente dominantes y basados la competitividad, la negación de la expresividad o la legitimación de la violencia? Ha llegado el momento en que tiene que empezar a ser prioritario pensar en los niños como sujetos impactados, condicionados y limitados estructuralmente por el sexismo. Toca  pasar a la acción desde una mirada integral de género, acompañando a los niños y jóvenes,  para facilitar que puedan encontrar su lugar, facilitando un encaje amable y activo, en el mundo más igualitario, justo bello y feliz, que estamos contribuyendo a construir. 

Una de las mayores alegrías que nos ha proporcionado la teoría feminista a los hombres, es la tan emancipadora como esperanzadora idea acuñada por Simone de Beauvoir, que hace referencia a la percepción de que “no se nace mujer, se llega a serlo”. O lo que es lo mismo, no hay un destino inamovible basado en la biología, el sexo o la mística de la maternidad, que determine las posibilidades de ser, estar, hacer, pensar y sentir , que tienen las mujeres en el mundo. 

Del mismo modo en que no existe un destino universal en lo que ser refiere a la construcción de las identidades de las niñas y las mujeres,  exactamente lo mismo ocurre con niños, los chicos jóvenes y los hombres; por lo que tampoco se nace hombre, niño, chico o varón, sino que se llega a serlo. 

La mayor prevalencia de la violencia en los hombres, la menor participación en los cuidados, el predominio masculino en las esferas de poder, o la mayor predisposición a generar situaciones de riesgo, no tienen nada que ver con una esencia innata o con un destino masculino universal. Como creación humana, también son fruto de una construcción social hegemónica (y tóxica), y como tal, puede (y debe) ser revertida y modificada, a favor de modelos de masculinidad democráticos, o lo que es lo mismo, pacíficos, expresivos, colaborativos y cuidadores. 

Otro factor clave para apostar por la transformación de las masculinidades tóxicas heredadas, tiene que ver con la evidencia de que el empoderamiento, la libertad y las vidas libres de violencia en las niñas, no serán posibles sin el empoderamiento positivo de los niños. Empoderar a los varones no significa profundizar en las relaciones de poder e inequidad, sino que el empoderamiento masculino pasa por la toma de conciencia, desde la emoción percibida en los cuerpos, los sentimientos y las acciones, de los cambios que se han producido en las vidas de las niñas y de la sociedad que les rodea, motivándoles y acompañándoles cada día, para que se desenvuelvan en sus relaciones de forma igualitaria, equitativa, comprometida y libre.

Para lograrlo, tenemos que liberar también a los chicos de los estereotipos sexistas que les privilegian, pero  que también les impactan y oprimen, pagando el alto precio de tener que limitar sus posibilidades de ser y estar en el mundo de forma humana: expresiva, tierna y compasiva.

Pero para bajar a tierra y que este artículo pueda resultar útil, quiero compartir  con vosotras y vosotros, diez  recomendaciones prácticas sobre cómo  acompañar a los niños a crecer fuera de estereotipos y mandatos patriarcales. 

1.- Honrar y cuidar el cuerpo de los niños: como un espacio de creatividad, vulnerable y maravilloso. Son cuerpos para sentir, disfrutar, cuidar y actuar con respeto y compasión. 

2.- Cultivar, propiciar y facilitar el reconocimiento de las niñas como iguales: en derechos y capacidades: Hablar bien a los niños de las niñas.

3.- Fomentar el reconocimiento de las mujeres poderosas. 

4.- Poner en valor los ejemplos de hombres, buenos, pacíficos y cuidadores. 

5.- Invitarles e incentivar que se responsabilicen de las tareas de cuidado y los trabajos domésticos. 

6.- Ser conscientes de las desigualdades que siguen prevaleciendo entre mujeres y hombres: ponerles ejemplos concretos y hacerles partícipes del cambio. 

7.- Conectar con el medio ambiente como parte del todo: Cuidar una planta, adoptar un árbol: conocer las funciones que cumple para nuestra supervivencia y abrazarlo. 

8.- Acompañarles en el reconocimiento y gestión de las emociones: la tristeza, el miedo, la rabia, la calma. 

9.- Entrenar la empatía y la compasión: reforzar y valorar ponerse en el lugar de las demás personas. 

10.- Transitar por la parte expresiva de la vida: apoderarse de todos los colores del arcoíris. 

Acompañar en la vida y educar a los chicos en la era del feminismo no es tarea fácil y requiere de personas adultas de referencia, especialmente padres, madres, educadoras y educadores, sensibilizadas y formadas en clave de género y feminismo, que incorporen la mirada y el análisis específico del impacto que el sexismo tiene también en los niños y los chicos jóvenes. ¿Cómo puedes ayudar a criar a un niño libre y feliz? Comprometiéndote tú también, como adulta, con el cambio que quieres ver en él.

viernes, 6 de agosto de 2021

Impacto de la COVID-19 en la juventud de La Rioja

ODS 3: Salud y bienestar

José Manuel Valenzuela Pareja, coordinador técnico de Fundación Pioneros.

El Informe diagnóstico: Impacto de la COVID-19 en la juventud de La Rioja arroja algunas evidencias preocupantes: el 55% de las y los jóvenes han vivido su situación educativa como mal organizada, poco adaptada metodológicamente y con falta de apoyo suficiente por parte del profesorado. Además, el 14% de jóvenes expresan haberse descolgado del curso y 1 cada 4 jóvenes no se siente seguro en su entorno educativo. 

En cuanto al empleo, el 22,8% hace referencia a la pérdida total de su puesto de trabajo, seguido de un 17,8% que alude haber entrado en situación de ERTE. 

La salud emocional de las personas jóvenes se ha visto afectada de manera contundente: el 45,9% (el 33,9% en mujeres) se ha sentido triste o con depresión en algún momento de esta pandemia.

El 15% de las persona encuestadas, reconoce situaciones de tensión y otro 6% alude a la existencia de violencia verbal o física en sus núcleos familiares. 

En cuanto a las relaciones sociales, casi la mitad de jóvenes, un 48,9%, plantea que ha perdido relaciones anteriores. Uno de cada 10 jóvenes conoce casos en los que alguna persona ha sufrido algún tipo de acoso o presión no deseada a través de redes sociales. 

Analizando los hábitos de consumo de tóxicos entre los y las jóvenes en el post confinamiento, se evidencia que el 10% ha continuado con malos hábitos. 

En conclusión, podemos señalar que tras el análisis de datos el comportamiento general de los y las jóvenes desde el comienzo de la situación generada por la COVID-19 ha sido excelente. Es por ello que la percepción que tienen sobre cómo son vistos les genera frustración. En efecto, detectan que existe una tendencia a globalizar en la juventud los comportamientos de transgresión de normas, mientras que con otros colectivos no sucede lo mismo. 

En cuanto a la alteración de los hábitos de vida por los contextos restrictivos, se evidencia una repercusión importante en la salud mental de toda la población, particularmente en el colectivo joven, donde la socialización cobra especial relevancia para su desarrollo psicoemocional y evolutivo. En consecuencia, encontramos un aumento del número de horas de conexión a la vida digital y redes sociales. Además, cabe destacar la percepción de una mayor exigencia en el contexto académico, sumada al desarrollo de un tipo de aprendizaje casi autónomo por la supresión de las clases presenciales. Por último se reflejan cambios en las rutinas de sueño y alimentación y descenso o ausencia de actividades deportivas. 

Dentro del contexto global, hay que señalar la preocupante situación de quienes están viviendo todo lo sucedido desde situaciones de precariedad económica. En estos casos, la pandemia ha venido a acentuar la difícil situación que ya venían pasando, muy en contraste con las situaciones idílicas de confinamiento que hemos visto en diferentes medios de comunicación.

La incertidumbre y la saturación de información en los medios de comunicación y en la calle sobre el tema de la COVID-19, también les está afectando, generando estados de mayor irritación y de aislamiento social. Existe actualmente una enorme preocupación por el futuro y una gran impotencia por el presente en todo lo concerniente al mundo laboral. Muy posiblemente, estamos hablando de una de las generaciones con mayor incertidumbre y menos aspiraciones de los últimos años. 

En el  ámbito de la salud, el miedo es protagonista. Más concretamente, se refiere miedo al contagio de familiares cercanos y miedo a que esta situación se prolongue indeterminadamente en el tiempo. Por ende, entre la juventud existe un enorme desgaste debido a la privación y limitación relacional, ahora marcada por la distancia social. Continúa la frustración respecto a las normativas contradictorias, los resultados negativos a pesar de los esfuerzos realizados y la tendencia a la culpabilización de la juventud. 

Todo ello nos hace plantear las siguientes líneas de actuación a modo de propuestas: 

  • La necesidad de abordar la salud emocional y los estados de tristeza, depresión, nerviosismo o frustración.
  • El reorientar la formación académica tras la pandemia, adaptando planes y atendiendo también otros aspectos que no son exclusivamente académicos.
  • La necesidad de identificar, detectar y gestionar situaciones informativas de cualquier tipo de violencia.
  • La importancia de trabajar la realidad de los y las jóvenes en el mundo laboral de manera prioritaria.
  • La necesidad de abordar las expectativas, la confianza, el emprendimiento, el esfuerzo y la ilusión como signos de una adecuada salud emocional. 

Quizá sea la población joven la que tendrá que lidiar con las consecuencias de la pandemia más a largo plazo. Pongamos los medios necesarios para salvar vidas y no desatendamos otras necesidades humanas que no son menores, como lo son la salud mental y el derecho a desarrollarnos integralmente como personas.

viernes, 2 de julio de 2021

De qué va la feminización de las migraciones. Mujeres que protagonizan su historia migratoria

 ODS 5: Igualdad de género

Yanitza Torres G. Rioja Acoge, Proyecto Inmigracionalismo.

El camino de migración puede ser muy dispar para cada perso­na. A través de la mirada de dos mujeres nos acercamos a sus ex­periencias migratorias, su vida en España y su participación en la denominada “feminización de las migraciones”.

Decidir migrar con la responsa­bilidad en tus hombros

Con el casco de la moto en mano, cruza la puerta Zahida Parveen. Una mujer pakistaní que hace casi quince años llegó a España para quedarse. Recuerda la ale­gría y la ilusión con la que viajó definitivamente a este país a sus 33 años. Estaba convencida: “voy a España como van los hombres: a buscar trabajo y luego a reagru­par a la familia”.

Cuenta con satisfacción que fue de las primeras de su familia en llegar a la península y a pesar de que contaba con el respaldo de una de sus hermanas, vino sola, dejando en su país de origen a su marido y 9 hijos. En su pueblo, cerca de la ciudad de Gujrat, re­gentaban una tienda de alimen­tación, pero “por más que traba­jaba, no lográbamos tener una vida buena”.

Zahida llegó con un contrato de trabajo que le ofreció una em­presa de servicio de limpieza en La Rioja. Su finalidad: hacer lo necesario para lograr el reagru­pamiento de sus seres queridos. El siguiente paso fue acercarse a Rioja Acoge para solicitar ayuda al respecto. Con el tiempo logró su objetivo.

Dicotomía del camino migratorio

Las diferencias en el recorrido migratorio son marcadas desde el principio por la situación par­ticular de cada mujer. También influye la forma de viajar: quien migra en avión tiene una pers­pectiva y oportunidades distintas para llegar al destino, diferente a quien lo hace en coche o en una embarcación. Incluso, la ruta puede estar determinada por la profesionalidad de la persona.

Nini Dione cursó en Senegal el Título Superior de Electricidad durante tres años y, al igual que ocurre en casi todo el mundo, era de las pocas chicas que había en clase. Se presentó para una oferta de empleo en el Ministerio para la Juventud y el Empleo de Senegal y fue una de las seleccionadas para trabajar en una fábrica.

Para sorpresa de Nini, la empresa que la contrataba quedaba en Es­paña. No creyó que saldría de su país, hasta que tuvo el pasaporte en la mano. “Yo trabajaba cuan­do algunos españoles no que­rían hacerlo en el campo. A mí me encanta mi país, yo no quería salir, allí tenía recursos, pero lo vi como una oportunidad para in­dependizarme y como una expe­riencia de vida”.

La feminización de las migra­ciones

Las historias de Zahida y Nini son cada vez más comunes, forman parte de lo que se denomina “fe­minización de las migraciones”. Como expresión puede confun­dir al hacer pensar que hay una mayor proporción de mujeres migrantes, cuando de hecho ha­cia 1960 las mujeres ya represen­taban cerca del 47% del total de personas migrantes internacio­nales, porcentaje que crecería apenas un par de puntos más durante las siguientes décadas, llegando al 49% actual. En este aspecto España es un fiel reflejo:


5.423.198 era la población ex­tranjera en España en 2020. De ellas, 2.715.333 son hombres y 2.707.865 son mujeres, casi al 50%, según el Instituto Nacional de Estadística.

Aunque en algunas regiones del mundo efectivamente ha habido una feminización neta de los flu­jos migratorios, lo que realmen­te ha cambiado en los últimos años es el hecho de que cada vez más mujeres migran de forma independiente, en vez de ha­cerlo como “dependientes” al viajar con sus esposos, parejas o familiares o reuniéndose con ellos en el exterior. Las mujeres realizan un papel cada vez más protagónico y personal en los procesos migratorios.


viernes, 4 de junio de 2021

“La inmensa mayoría de jóvenes sale del programa con las cosas más claras para su vida”

ODS  17: Alianzas para lograr los objetivos

Rubén Marco Colmenarejo (Waldo), encargado de proyectos deportivos y nuevas tecnologías de Logroño Deporte. 

En el año 2020 programa Justicia Juvenil en Medio Abierto, gestio­nado por Fundación Pioneros, ha sufrido una situación muy com­pleja debido a crisis sanitaria y al confinamiento. En primer lugar por la dificultad para encontrar espacios de trabajo seguros para los menores y por otro lado por­que muchas de las entidades cola­boradoras trabajan con colectivos vulnerables que ha impedido el acceso a los centros de trabajo.

Afortunadamente en junio de 2020 firmamos un nuevo conve­nio de colaboración con Logroño Deporte que ofrece las condicio­nes ideales para el desarrollo de las prestaciones, amplios espacios al aire libre.

La persona encargada de la coor­dinación del programa es Rubén Marco, conocido como Waldo, motivado y con vocación para re­cibir en las mejores condiciones a nuestros jóvenes. El equipo de Medio Abierto de Fundación Pio­neros ha encontrado en él a un aliado en tiempos de pandemia, con una gran disposición para atender a profesionales y jóvenes, para ajustarse a nuestras necesi­dades y demuestra una gran cer­canía con los menores. El resul­tado es que desde entonces han pasado más de 30 menores por sus instalaciones, realizando más de 1400 horas de trabajo en bene­ficio de la ciudadanía de Logroño, casi nada.

Hoy entrevistamos a la persona a Waldo, un miembro más de la fa­milia Pioneros.

¿Cuál ha sido tu motivación para trabajar con menores?
La motivación surgió del conve­nio de colaboración que firmó Logroño Deporte con Fundación Pioneros. Al conocer el programa con jóvenes de Justicia Juvenil en Medio Abierto para realizar pres­taciones en beneficio de la comu­nidad, me interesé y comenté a la dirección de mi empresa, Logroño Deporte, y al concejal del Ayunta­miento de Logroño que me gus­taría hacerme cargo del proyecto. Me llama la atención el hecho de dar una oportunidad de reinser­ción mediante el deporte y que estos jóvenes puedan aportar su trabajo a la sociedad.

¿Qué es lo que más te ha gusta­do del trabajo con menores?
Lo que más me ha gustado ha sido su predisposición a trabajar con nosotros en los diferentes aspec­tos de nuestro día a día, como son el mantenimiento y pequeñas re­paraciones en nuestras instalacio­nes deportivas, cuidados de espa­cios naturales al aire libre, siempre con una gran actitud y ganas de colaborar con el trabajo.

¿Qué crees que les aporta traba­jar en un ámbito deportivo?
Creo que les aporta un trabajo ameno y entretenido y nada mo­nótono, están en contacto con un sector que es beneficioso para los ciudadanos en el aspecto del ocio y la salud y han podido ver cómo se trabaja en las instalaciones de­portivas de su ciudad.

¿Qué es lo que más te han apor­tado los menores?
Nos aportan la visión de sus pro­blemas y de sus inquietudes y qué le piden al futuro. Cada menor ha venido a este proyecto por dife­rentes problemas en su vida y este programa les hace pensar que deben ser buenas personas y no meterse en líos, que la vida de los adultos es más complicada que la suya y que deben estudiar porque el trabajo está difícil de conseguir. Aquí han tenido la oportunidad de conocer lo que significa el tra­bajo, con unos horarios, unas res­ponsabilidades, una implicación y eso es lo que les espera en el futu­ro. La inmensa mayoría salen del programa con las cosas más claras para su vida diaria.

¿Cómo ha sido tu relación con el equipo de Pioneros?
Mi relación con los trabajadores de Pioneros ha sido sobresaliente desde el primer día, hubo compli­cidad y química, mucha comuni­cación, por correo, WhatsApp o teléfono, he aprendido mucho de su experiencia con los jóvenes y para mí ha sido una experiencia inolvidable.

¿Cuál es tu reflexión de estos meses de colaboración con Fun­dación Pioneros?
Lo primero ha sido conocer a Pioneros como organización. Conocía la labor que desarrollan pero no tenían claro cuál era su cometido, ahora que conozco la organización me parece que es primordial para nuestra sociedad, nuestra ciudad y nuestra comuni­dad.

Por otra parte conocer los casos personales de los menores, me ha llegado al corazón. Este programa enseña que todo el mundo tiene que tener una segunda oportuni­dad en la vida.

En definitiva, me gusta colaborar en proyectos como este con claro interés integrador. 

viernes, 7 de mayo de 2021

Mil millones de voces por una educación de calidad en el mundo

ODS 4: Educación de calidad

Alberto Casado Valera, director de Incidencia de Ayuda en Acción, organización miembro de la Coalición española de la Campaña Mundial de Educación.

Hace ahora un año llegó a haber más de 1.500 millones de alumnos y alumnas en el mundo que no podían acudir a los centros educativos debido a las medidas de confinamiento puestas en marcha para proteger a la población y frenar el contagio frente a la COVID-19. En países como el nuestro, con enorme trabajo y esfuerzo por parte de toda la comunidad educativa y las autoridades, la situación se pudo mitigar cambiando de la noche a la mañana de un sistema educativo presencial a otro a distancia. Un paso en donde los que más sufrieron fueron el alumnado de familias más vulnerables con poco o ningún acceso, ni muchas veces capacidades, para continuar las clases a través de internet. La situación en España ha mejorado mucho y las clases se dan con toda la normalidad que esta “nueva normalidad” permite y, esperamos que, gracias al ritmo de vacunación, el curso que viene vuelva a ser más parecido al del 18/19.

Sin embargo, la realidad es totalmente distinta en la mayoría de los países. España, con todas nuestras debilidades, está entre los 30 países con mayor índice de desarrollo y bienestar. Hay muchos estados que durante la mayor parte del año pasado cerraron las aulas y no pudieron apoyar al alumnado en sus casas – según UNESCO, el 40% de los países de ingresos bajos y medianos-bajos no pudieron tomar ninguna medida a este respecto. En algunas zonas como el Sahel, la COVID-19 cayó sobre otras crisis precedentes, en donde las escuelas llevaban ya cerradas desde hacía meses debido a conflictos o a los efectos del cambio climático. Para las comunidades más vulnerables de los países en desarrollo, la pandemia ha supuesto un enorme retroceso en sus ya mermadas esperanzas de mejora. Antes de la pandemia había 258 millones de niños, niñas y jóvenes que ya estaban fuera de la educación. Todavía hoy, muchos gobiernos no han autorizado la apertura de todas sus escuelas y, los que han podido hacerlo después de meses sin clases, se enfrentan a un retraso que la brecha digital ha agrandado y que se ha cebado y se ceba con los grupos en situación de vulnerabilidad, marginación, pobreza y exclusión.

La pandemia ha puesto todavía más de manifiesto la necesidad de actuar con mirada global frente a los problemas globales, y que las acciones locales acaban afectando a la globalidad; la salud, la economía, el clima y también la educación. La educación debe considerarse un bien público global. Un planeta en el que un mayor número de personas puedan acceder a una educación de calidad es una garantía de mejora en todos los aspectos para todos y todas y para la propia sostenibilidad del planeta. Si no se apoya en estos momentos a los países con mayores dificultades estaremos no solo condenando a generaciones de niños y niñas en el mundo, sino contribuyendo a que en un futuro muy próximo vivamos en contextos todavía con más conflictos e inestabilidad, con una fuerza de trabajo menos preparada y unas sociedades más insolidarias e injustas. 

La Campaña Mundial por la Educación es una coalición internacional que en España está integrada por Ayuda en Acción, Educo, Entreculturas y Plan International. Junto a sindicatos del entorno educativo, centros escolares y movimientos sociales de muy diverso signo, llevamos desde hace más de 20 años movilizándonos para reclamar el cumplimiento íntegro de los compromisos internacionales firmados por los estados para garantizar el acceso a una educación de calidad para todas las personas del mundo. Este año hemos lanzado la campaña “1.000 millones de voces” que tiene como objeto levantar la voz y recabar apoyos para exigir a los gobiernos del mundo que incrementen, de manera urgente, la financiación pública para la educación. Sin recursos los discursos en favor de la educación se convierten en papel mojado. 

A nuestro gobierno le pedimos que actúe en el ámbito de la Cooperación al Desarrollo e incremente su contribución a la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) para alcanzar el objetivo del 0,7% de AOD del PIB y dedicar un 20% de la misma a educación. Actualmente, este gobierno tiene el compromiso de alcanzar la media europea, el 0,5% del PIB en AOD, para el final de la legislatura, pero según los recientes datos del Comité de Ayuda el Desarrollo de la OCDE que analiza el gasto de AOD de 2020, España (con un 0,24%) sigue muy lejos de la media de la Unión Europea, por detrás de países como Hungría (0,27%). Como recordaba recientemente el Director general de la OCDE: “La AOD no depende del PIB, depende de la solidaridad y la voluntad política” y nuestro país no debe de faltar a esta cita. Desde la campaña “1.000 millones de voces” estaremos recordándoselo.

martes, 6 de abril de 2021

Relación de ayuda y colaboración en contextos de involuntariedad

 ODS 16: Paz, justicia e instituciones sólidas

Jesús Alberto Vélez Valle. Vocal del Colegio Oficial de la Psicología de la Rioja y educador del Programa de Justicia Juvenil de Fundación Pioneros.

Pensando sobre el concepto “relación de ayuda” podemos presuponer que se establece como una dinámica en la que alguien busca apoyo de manera libre y voluntaria y la otra parte se presta a ayudarle. Bajo esta lógica está también asumido que quien busca ayuda es relativamente consciente de sus problemas y necesidades pero en ocasiones estos componentes motivacionales, cognitivos y conductuales  no se dan de una manera tan explícita.

En el marco de la intervención educativa con menores sujetos a la Ley Orgánica 5/2000, de 12 de enero, reguladora de la responsabilidad penal de los menores se contemplan una serie de obligaciones tales como someterse a programas de tipo formativo, educativo, terapéutico, profesional- laboral, de educación sexual, de educación vial u otros similares sin que les sea permitida una decisión alternativa.

En el programa Justicia Juvenil en Medio Abierto de Fundación Pioneros vemos que es frecuente que en este contexto surjan expresiones o manifestaciones interpretables como resistencias, incumplimientos o falta de compromiso, por parte de estos menores, más  teniendo en cuenta que existe un protocolo que estipula que entidades externas (Juzgados de menores, equipos de ejecución de medidas) sean las que establezcan ciertas expectativas, objetivos o exigencias de cambio.

Entender que estos “clientes involuntarios” no quieran participar en las propuestas que les ofrecemos, no identifiquen sus problemas, no quieran soluciones y estén en muchos casos cansados de múltiples contactos con técnicos, profesionales de la  educación, de la  psicología… es, sin duda, el punto de partida para generar una buena alianza terapéutica.

De acuerdo con lo expuesto Peter De Jong e Insoo Kim Berg (2001), pioneros de la terapia breve  centrada en soluciones, la co-construcción basada en la cooperación es la forma más productiva de implicar a clientes involuntarios, por lo que teniendo en cuenta esta premisa se propone una perspectiva de intervención que atienda a las siguientes orientaciones:

Identificar la colaboración como clave para el éxito, aceptar la posibilidad de que el cambio positivo es posible, resaltando y amplificando las fuerzas y recursos del menor, promoviendo la co-construcción de versiones y narrativas futuras alternativas, sin recurrir a consejos o a la confrontación.

No trasformar a los clientes resistentes en clientes colaboradores a través de la influencia de técnicas sino proponer una manera de cooperar con ellos cuestionándolos y oyéndolos en relación a su propio conocimiento sobre el contexto involuntario/coercitivo y a sus esperanzas para el futuro para el cambio.

Invitar a los sujetos a desempañar el papel de expertos, es decir reconocerlos como los mayores conocedores de sus propias vidas experiencias y percepciones.

Situar a los menores en posición de informar a los profesionales sobre sí mismos, este posicionamiento es especialmente importante para involucrar a los clientes involuntarios, invitándolos a asumir el control de describir su situación acerca de lo que quieren que sea diferente y de que pueden y como pueden hacer para que esto suceda.

Evitar que los técnicos descalifiquen a los menores y sus familias comportándose como si supiesen mejor que ellos lo que necesitan y provocando, en muchos casos, que estos no se involucren en la relación de ayuda de modo productivo sino más bien como adversarios en un proceso jerárquico.

Distinguir conceptual y funcionalmente involuntariedad y resistencia, entendiéndose la involuntariedad como un estatus o posición en un sistema y la resistencia como los comportamientos mantenidos en la interacción técnico-menor que impiden o dificultan el proceso de cambio.

Ofrecer un planteamiento relacional recursivo y circular evitando así,  discursos que culpabilicen a los usuarios,  permitiendo que la resistencia sea comprendida como algo que puede ser mutuamente  reformulada en clave de cambio positivo por los dos protagonistas de la relación desde una postura  de co-construcción colaborativa.

Se puede concluir por último que el posicionamiento epistemológico de los profesionales que trabajamos en la promoción del cambio en contextos de involuntariedad/coerción puede ser una variable determinante para favorecer la implicación, motivación y colaboración de los sujetos atendidos.

miércoles, 10 de marzo de 2021

EMPODERAMIENTO: Mujer, centro de su propia vida

 ODS 5: Igualdad de género

Marta Bel Palacín. Trabajadora social, antropóloga, agente de igualdad y experta en violencia de género.

Hablar del empoderamiento de la mujer me hace hablar de mí misma y mi proceso personal. Una misma es el campo de observación más potente para visibilizar su propia realidad y experiencia vital y, de este modo, encontrar aspectos comunes en las vivencias e historias de otras y tantas mujeres.

Como mujer de hoy y a lo largo de toda mi vida, he sufrido crisis inter­nas muy profundas entre mis nece­sidades como ser humano y lo que socialmente, a través de la escuela y familia principalmente, me veía “obli­gada a ser y hacer”. Hoy percibo que los modelos y mandatos de género y sociales han ido exterminando mi dignidad e integridad como persona.

El gran problema para salir de esa crisis profunda es la culpa y la ver­güenza, herramientas personales construidas con referentes y conte­nidos sociales que sirven para man­tener a la persona sometida a los mandatos sociales.

En el caso de las mujeres inmersas en un sistema patriarcal, las deriva al sometimiento al hombre y al propio sistema androcéntrico de creencias instaurado y potenciado por el pa­triarcado.

A través de la culpa y la vergüenza se instaura una idea interna de que “el error está en mí” retroalimentando la idea de “no valgo” que conlleva falta de autoestima, inseguridad, desvalorización personal y conse­cuentemente posicionamiento de inferioridad. Esta creencia y actitud es “ideal” para la perpetuación del machismo en sus preceptos de je­rarquización y desigualdad entre mujeres y hombres.

Por lo tanto, es importantísimo el trabajo personal de la mujer em­pezando por revertir esta idea del “error está en mí” e indagar qué procesos cognitivos y asociaciones de ideas se han ido interiorizando en ese proceso de autodestrucción personal de cara a deconstruirlas y reconstruir una nueva identidad em­poderada. Reconstrucción desde la idea del ser persona y de los valores humanos y morales intrínsecos que esta idea conlleva: respeto, digni­dad, integridad...

Ahora bien, y vuelvo a hablar desde mi experiencia personal, hasta que no me he puesto “las gafas moradas” del feminismo no he sido consciente de todas y cada una de las micro-violencias que he sufrido. Desde “mi nueva mirada” pongo nombre a to­das y cada una de ellas, entendien­do por fin, que las sufrí por el mero de hecho de ser MUJER. El grado de normalización y naturalización es tan potente que invisibiliza el sufrimiento de las mujeres siendo esta invisibiliza­ción fundamental para la perpetua­ción del patriarcado. El penoso caso de Ana Orantes lo desveló. Una mujer que públicamente visibiliza sus con­tinuos maltratos es inmediatamente asesinada. Gracias, Ana, gracias a tan­tas y tantas mujeres que mostraron al mundo la cruel violencia machista; gracias por sacar a la luz algo que en mayor o menor grado sufrimos todas. Es nuestra responsabilidad que estos asesinatos no queden en saco roto. Démosle el nombre que se merecen: asesinatos por violencia machista. Y que las historias de estas y tantas mujeres violentadas desvelen la au­téntica realidad de discriminación, desigualdad, abusos y violencias sufridas por todas las mujeres por el mero hecho de serlo.

Paso siguiente al de visibilización y comienzo de empoderamiento de la mujer, empoderamiento que la convierte en sujeto activo, es la consecuente resistencia del propio sistema que teme perder su status y perpetuidad. Resistencia que vendrá del rechazo, crítica social y sanción por parte de los propios grupos de apoyo familiares y/o amistades... todo ello focalizado inconsciente­mente en la idea de que la disonante es la culpable del malestar generado al romper los moldes y preceptos establecidos. Aquí es vital, y si no se puede volver a caer en el estado de desvalorización y falta de autoesti­ma, el apoyo tanto social (redes de mujeres y sororidad) como el institu­cional. Un empoderamiento “a solas” requiere de esfuerzos infrahumanos que desgastan hasta el exterminio. La unión hace la fuerza.

Así mismo, y entendiendo que la violencia de género viene a raíz de esa desigualdad entre hombres y mujeres sustentada en un ideario, creencias, roles, estereotipos, falsos mitos..., se constata que el hombre también debe cumplir un papel que muchos de ellos ya han demostrado como perjudicial. ¿Cuántos hombres se han sentido rechazados en su en­torno por demostrar sus emociones (llorar, por ejemplo)? Por lo tanto, al igual que las mujeres no son libres por tener que seguir un patrón, los hombres tampoco lo son. Evidente­mente, que la propia estructura an­drocéntrica y patriarcal los sitúa por encima de las mujeres, por lo que su situación es de continuos privilegios. Ni mujeres ni hombres son tratados y valorados como PERSONAS y sí como objetos o instrumentos sujetos a dis­posición de un modelo estructural a seguir, sustentado en la desigualdad, en base a unos intereses económico-político-socioculturales.

Por todo ello, creo que es funda­mental una transformación pro­funda del cambio de ideario, men­talidad, creencias, patrones, roles... porque, como bien dice Octavio Salazar, tenemos que conquistar la idea de definirnos a nosotros y no­sotras mismas, tanto hombres como mujeres; siendo que todo pasa por la educación en valores humanos, ya que esta es la llave y base funda­mental que abre puertas para ser verdaderamente dueñas de noso­tros y nosotras mismas.