viernes, 3 de mayo de 2019

Imagina




María Victoria García Martín. Educadora Centro Menesiano ZamoraJoven.


Imagina que estás en tu casa y apa­recen dos personas acompañadas por la policía y te dicen que tienes que recoger tus cosas porque te vas a vivir a otro lugar lejos de tu fa­milia. ¿Sientes el pánico o la rabia?

Imagina que vas a vivir a un sitio en el que hay un montón de normas nuevas y en el que tienes que hacer tareas y rutinas que nunca antes habías hecho. ¿Sientes la sensación de confusión?
Imagina que una vez allí te das cuenta de que tienes que vivir con once personas más de edades pa­recidas a las tuyas, y que con algu­nas de ellas no es muy fácil la con­vivencia. ¿Sientes la inseguridad?

Imagina que cada día aparecen adultos que cambian cada ocho horas que te van diciendo lo que tienes que hacer, cómo hacerlo, que te preguntan por tu situa­ción personal, emocional, familiar. ¿Sientes la sensación de invasión de tu intimidad?

Imagina que una persona que no conoces de nada es quien decide a qué personas de tu familia ves, en qué horario y dónde. Además es quién firma de manera legal todos los documentos que te autorizan a realizar actividades lúdicas, forma­tivas, incluso intervenciones sani­tarias. ¿Sientes la impotencia?

Imagina que tienes que ir al médi­co y que tienes que quedarte en el hospital, pero, como tu familia no está autorizada a visitarte, te ves en la obligación de explicar a todo el personal y a tu compañera de habitación que esas personas que están contigo no son de tu familia. ¿Sientes la soledad y el desarraigo?

Imagina que pasan tres años, que a pesar de todas las dificultades que has tenido para adaptarte a este nuevo sistema, lo has logrado: has adquirido las rutinas y la normativa del lugar donde vives, has aprendi­do a lidiar con las particularidades y rarezas de todas las personas con las que convives (iguales y adultos), has superado que en clase te miren como un bicho raro por vivir en ese sitio, o que lo hagan con pena o culpándote de tu situación. Has conseguido vencer el miedo y has hablado con una persona que te ha ayudado a ver de otro modo los sucesos de tu vida que han hecho que te separasen de tu familia. In­cluso podrías decir que te encuen­tras en una buena etapa de tu vida. ¿Sientes la tranquilidad y satisfac­ción personal?

Ahora imagina que te dicen que ya no puedes estar más en ese si­tio, que se ha acabado el tiempo para permanecer allí. No puedes volver a tu casa porque ahora ya sabes que no es lo que te convie­ne, pero tampoco tienes trabajo ni solvencia económica para ser independiente. ¿Sientes el vértigo ante este abismo?

Imagina que todo esto ha sucedi­do por haber sido tutelada por el sistema de protección de menores, sin ser culpable de nada, a pesar de que en varias ocasiones te ha­yan tratado injustamente, hacién­dote dudar si tu rol es de víctima o de verdugo. En cambio, las per­sonas que te han hecho daño a lo largo de tu infancia siguen con sus vidas con total normalidad. Sin embargo, tú has modificado todo tu mundo en uno de los periodos evolutivos más críticos. ¿Sientes la sensación de tremenda injusticia?

Para terminar, imagina que tienes la capacidad de hacer que el trato que reciben estos menores de tu persona, sea cual sea tu campo de acción, sea empático, respetuoso y delicado. Imagina que tienes el po­der y el interés genuino de trans­formar un poco su realidad. ¿Sien­tes la motivación y la sensación de poder que reside en tu persona?

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